Por: Aldo Cortés

“I spent some time in this place, it’s very different from where we from, you start to get a little bit of success and then you eventually gonna end up in this place called Hollywood, and at first you are real excited ‘cos you been seeing this shit on TV, you’re whole life, you’re like damn, that’s Hollywood, this shit is crazy… But the closer you take a look, you gon’ see that shit weird. And niggas is phony and the bitches is weird”. J. Cole

Conocí a esta chica, y no tuve la
oportunidad de salvarla. Así que, a
cambio, le escribo esto.

Dice mi Abuelita que siempre no… y es que, el secretario de la SEP, Esteban Moctezuma, reculó y tuvo que tragarse sus palabras sobre la propuesta de un uniforme escolar neutro. Pues resulta que la idea únicamente prevista está para la vestimenta de las niñas y ninguna vela en el entierro tiene que ver “la comodidad de los niños”.

Las ramas hedónicas del placer terminan por llevarte a la estación de la sexualidad. Naturalmente, la vorágine del siglo XXI y la indecisión millennial para referirse a temas tan picosos perturban la estafeta de macho alfa y de mujer inmaculada. Los puritanos y ortodoxos se escandalizan; eso en psicología se denomina doble vínculo emocional. Ahorita lo niegan, al rato lo van a exigir.  Ojalá lo leas en tu cama, después de haber vivido la entropía con tu pareja, con su piel como lienzo. Y como dicen por ahí –pidiendo disculpas por recurrir a lo trillado–: No mates al mensajero, o en el mejor de los casos, mata a la corrección política. Al trapo…

Entre las doctas charlas que proliferan entre los chavitos, se abordan temas tales como la política, la economía mundial, la cultura latu sensu, los cafés de Starbucks, los yeezy boots, la peda y sus estragos, las drogas –ya casi legales– y, por último, pero no menos importante, SEXO. Como dice Dickens: “En fin… Esta época es tan parecida a todas las demás que nada de lo que voy a contar debería sorprendernos”.

Pero no es tabú ni mucho menos. El sexo es un arte, un rito, una religión… El amor a primera vista, ya sabes, la clase de mentiras que le dices a niño para convencerlo de creer en la magia. Igualmente es tema en boga la revelación femenina –no rebelión–, porque siempre han sido libres y seguramente mis congéneres lo piensan del mismo modo; ya habrá otra entrega llamada Una Nueva Anunciación donde lo matizaré, pero por ahora la libertad inherente al ser humano por definición repercute en la sexualidad. ¿Libertad sexual? No, no es hipérbole. La sexualidad, independientemente de ser un factor biológico, es cultura: el fruto natural de las ideas. Por lo que el tema va más allá de coger con quien te plazca.

A ver si termino por darle vuelo…

Difiero del término, pero para fines prácticos dígase así: “Vivimos en una sociedad machista”. La realidad es que, como hombre es más fácil decir cosas como “güey, me agarré con tantas viejas en la peda”, “me tiré a esa chica y la boté” o “me puse hasta la madre de pedo y terminé en los separos”. Nada plausible, no obstante, libertad. Frases que, en última instancia, parecieran banales. Lo interesante está en el trasfondo, quiero decir, qué obliga a la mayoría de las mujeres a no hablar abiertamente de su vida sexual, y no, no me refiero a su actividad ni con quién o quiénes la practica, sino narrar las experiencias que le parecen valiosas, ya sea en como actora o espectadora –también se vale ¿no? –, eso en el argot es sinónimo de ideas, de experiencia, de deseos, de curiosidad.

En contrapartida, la sociedad machista paradójicamente también oprime al hombre. Id est, la mayor parte del tiempo, si una mujer cuestiona al macho alfa, con el que no mantiene una relación estable, de confianza, de tiempo, sobre si un hombre es guapo, las respuestas son abruptamente acomplejadas y constreñidas. Verbigracia:

  • No mames, ¿por qué me preguntas eso?
  • Qué soy puto o qué.
  • Sin ser puto, pienso que… (es guapo o no), pero enfatiza no ser puto.

Esa es la fragilidad de reconocer que alguien puede ser atractivo, aun sin referirnos a algo propiamente sexual, sino por ser interesante, gracioso, culto, carismático. No seas tan cuadrado, después de todo, las curvas tienden a alcanzar la rectitud.

Escribo todo esto en medio de risas, son tantas las escenas propias y ajenas que recuerdo, porque las situaciones embarazosas tienden a teñir la realidad de vicio, de virtud, de arte… y por trillado que parezca, en un tema tan picoso siempre hay algo nuevo que decir. ¿Chile del que pica o del que no? Por supuesto, que los esquites están para eso, para, si quiera, simular el picor. Hay quienes los prefieren sin queso, sin mayonesa o no les es necesario la acidez del limón. Pero ya con hambre, o en el relajo, todo es bueno. Las roles y estereotipos mucho abonan y, en efecto, cuesta distinguir entre lo que pensamos íntimamente al escuchar la palabra sexo y lo que el medio nos orilla a creer para gustarnos el sexo. Entre apolíneos te verás, entre dionisíacos te complacerás.

Con todo, asistí a colegios donde no importaba si eras niña y usabas pantalón o, por ejemplo, si eras niño y traías el pelo largo. Asuntos tan nimios entre los niños suelen ser cuestión de polémicas para los adultos. Cuando crecemos ocurre eso: sobrevaloramos las cosas, perdemos el sentido del humor, colocamos preguntas que ya tienen respuesta.

Anda, que puedes hablar del sexo, o de cualquier otro tema, quitándote la camiseta de porrista. Que puedes ser curioso y no por ello depravado. Los maniqueísmos son perjudiciales para la salud. ¿Ella? Ella se ha puesto su mejor vestido y la sonrisa más tierna. No es por ti que ha decidido hacerlo. ¿Él? El se ha puesto un bluyín favorito, y un jersey que le queda de puta madre. Ya sé…. Muy idealizado. No importa, Escoge el escenario que quieras, si quieres ser actor o espectador, y ya extasiados, sé el director de tan afrodisíaca tragedia.

Cuando abres una puerta, ya no se vuelve a cerrar.

Además, como dicen los gringuitos, no pants are the best pants…