por Carlos Meza Viveros

En su columna del lunes en El Sol de Puebla, mi amigo Jorge Rodríguez hace una lectura alterna sobre un hecho: que ni Claudia Rivera ni sus más allegados fueron quienes mandaron a publicar la semana pasada un texto en contra de Luis Miguel Barbosa en la muy leída sección “Templo Mayor” de Reforma.

En su momento, es decir, el día que leí ese libelo, inmediatamente fui a Twitter y señalé al probable responsable de dicha publicación, tomando en cuenta que mi fuente era bastante confiable. Esta misma versión, en la que digo que Javier Palou, a quien yo considero un hombre inteligente pero mal encausado en sus últimos quehaceres, fue posteriormente retomada en la columna de mi otro amigo, el periodista Zeus Munive.

En el tuit expongo la pena ajena que me causa ver cómo el hijo de un hombre de gran cultura, respetado por todos (el extinto Don Pedro Palou padre), se puede llegar a prestar a este tipo de juegos en plena Cuarta Transformación; movimiento por el que, tengo entendido, Palou ha luchado desde el fraude del 2006, en donde le fue arrebatada la presidencia a López Obrador.

Javier fue entonces de los pocos que confió en que la suerte cambiaría y que la justicia tarde o temprano se haría valer, incluso fundó (junto con la propia madre de Claudia Rivera Vivanco) un espacio de resistencia llamado: Radio AMLO.

Lo que no me cabe en la cabeza es pensar que ese joven aguerrido y siempre fiel a sus convicciones de izquierda, hoy pueda trabajar con Rivera Vivanco, quien no ha hecho otra cosa más que el ridículo, y no sólo eso (todos tenemos derecho a hacerlo sin que nos de pena), lo grave es que la vocación al ridículo de Claudia atraiga como consecuencia el rotundo fracaso de una administración que prometía para más.

Cito a continuación lo que Jorge Rodríguez escribió en su espacio:

Entre los integrantes del equipo compacto de la presidenta municipal de Puebla se asegura que no fue ella, ni ninguno de sus colaboradores, quien generó la publicación en el periódico Reforma de unas líneas incómodas para el mandatario, que condenaron su interés por empatar las políticas públicas de su gobierno, en materia de seguridad, con las de algunos ayuntamientos, principalmente aquellos que se encuentran en crisis.

Puede ser que el deslinde sea cierto, a la luz de dos acontecimientos que ocurrieron esa misma semana.

Primero, Rivera Vivanco tendría que ser en extremo perversa para asestarle un golpe a Barbosa el mismo día que acudiría como invitada ¡del gobernador! a un acto oficial del presidente en Oaxaca”.

Rodríguez pone sobre la mesa una duda razonable, cierto, ya que el sentido común dicta que, si Rivera Vivanco fue invitada por Barbosa a un acto oficial, ésta no tendría ya razones para dinamitar la reconciliación orquestando guerras sucias en contra de quien le está tendiendo la mano como sólo un estadista y un político con oficio lo haría, sin embargo, debemos recordar algo: Claudia Rivera carece de sentido común y es especialista en darse balazos en el pie.

No lo digo yo; lo evidencian sus acciones, su inoperancia y constante terquedad. Si no es así, ¿puede alguien explicarme por qué a medio año de ser la primera regidora sigue alcahueteando las rapacerías de su síndico, el tal Gonzalo Castillo Pérez, quien debería ser el defensor del pueblo? (como todo síndico honesto), pero más bien en lo único que es profesional este señor es en el arte de empinar el codo mientras saquea las arcas municipales. Que no se olvide nunca que este mindundi ha robado a lo cuanperro comprometiendo el pago de 15 millones de pesos del erario y se abstuvo dolosamente de defender los intereses de su ayuntamiento.

Las mañas del síndico uñitas afectan directamente a los ciudadanos que han cumplido puntualmente con el pago del predial y otros derechos, amén de las participaciones que recibe el municipio derivado del imperativo que establece el artículo 15, fracción cuarta, inciso B, de nuestra Carta Magna. ¿Y qué ha hecho Claudia Rivera por enmendar este gravísimo atropello? Nada.

En sus meditaciones profundas, desde la vista de su hogar situado en una zona harto fifí de la ciudad, Claudia repite mantras sagrados en compañía de su gurú, quien no escatima esfuerzos en lavarle el cerebro en aras de quién sabe qué innobles propósitos. ¿Será que por eso los Jodorowskies y toda su escuela mística llevan una vida hippie-chic llena de comodidades?

Hace apenas unos días, Claudia declaró que, en efecto, habría cambios en su equipo. Pues bien; las horas y los días siguen transcurriendo en el más deplorable de los gatopardismos. Luego, dice Rodríguez, reculó y dijo que no haría cambios hasta que lo consultara con el gobernador.

¿Qué mensaje quiere enviar Rivera Vivanco?

Yo creo que ni siquiera ella lo sabe.

Seguramente toma decisiones con el tarot de psicomagia en la mano, no lo dudo…

Cierto es que urge que la seguridad de la ciudad sea un asunto del gobierno estatal, como lo fue en tiempos pasados. Sobre todo, porque, ya se vio, ya se comprobó, que Claudia NO PUEDE con el paquete y las cosas van de mal en peor. Sólo basta con abrir las redes sociales o los diarios impresos cotidianamente para caer en la más profunda de las desazones al ver cómo en pleno Costco un truhán le quita el reloj a un automovilista, o lo más triste: cómo una parvada de zopilotes fue quien desgraciadamente dio con el cuerpo de una chica que llevaba 15 días desaparecida sin que la gendarme trifaldona que se cree directora de seguridad pública municipal pudiera ofrecerle a los familiares de la víctima, si no la paz deseada (eso nunca sucederá) por lo menos sí un poco de certidumbre.

Por esta y mil razones más creo que Claudia Rivera sí es capaz de complotar contra Barbosa y lanzar periodicazos el mismo día que él tendió un puente.

Recuerden: los malhechores improvisados suelen defecar en la alfombra y son recurrentes en sus torpezas.

Lo digo sin acritud, ¡pero lo digo!