Por Fredo Godínez

Lo he contado en algunas reseñas que he escrito aquí o en otro medio, de unos años para acá me ha invadido la necesidad de estar leyendo a las mujeres y hombres de mi generación. 

Quiero y necesito saber qué y cómo estamos reflejando lo que vivimos, vemos y sentimos. 

Me encanta palpar que esta generación está encontrando la forma de combinar la herencia literaria o cultural con lo propio para ofrecerle al lector una forma más sencilla de contar las cosas sin abandonar la profundidad y complejidad del tema. 

A Esther M. García le conocí por algunos contenidos que iba encontrado en el internet y posteriormente me acerqué a su poesía a través del poemario Mamá es un animal negro que va de largo por las alcobas blancas (2017), mismo que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen; un poemario crudo, oscuro que dialoga con la estética de la artista plástica: Louise Bourgeois, y toca temas como el instinto materno, el aborto y la relación madre e hijo y el cual ni conmueve ni enamora, más bien confronta, fractura. 

Al poco tiempo que terminé de leer dicho poemario, me enteré de que estaba por salir su primera novela: Confesiones de una booktuber, merecedora del Premio Nacional de Literatura para Jóvenes FENAL-NORMA 2018 y la curiosidad por leerla era mucha: una contemporánea escribiendo sobre un tema muy actual y donde se corre el riesgo de hacer una novela simplona o tener el acierto de crear una trama sencilla que narre al lector -con fidelidad- un episodio importante y característico de dos generaciones: Millennial y Z. 

A lo largo de ciento veintidós páginas, Esther M. García cuenta la historia de Venus, una joven que no encaja con los estándares contemporáneos de belleza femenina y que constantemente sufre el rechazo de compañeros de escuela y familiares. En esta necesidad de encajar, de ser aceptada, Venus hace todo lo posible para hallar la forma en que la miren de otra manera y obtener el cariño y la admiración de todas las personas que la rodean ya sea en el plano personal o en el que ha establecido a través de las redes sociales. Venus, como cualquier joven y adulto, tiene gustos, inquietudes, sueños: ella es una lectora voraz (y poeta) y quiere compartirlo con el mundo, y en el fondo espera que eso la convierta en una persona reconocida, por tanto: aceptada. A lo largo del camino, Venus (como todo buen héroe de relato clásico) tendrá una fiel compañera: Cora, quien la acompañara en todas y cada de sus locuras, hasta que la vida y las decisiones les creerán un conflicto; provocando que Venus vea desde distintas perspectivas tanto su amistad con Cora como con su forma de relacionarse con la familia y un sinfín de desconocidos. 

A través de una narración sencilla, precisa y cero pretenciosa, Esther retrata –prácticamente– con precisión de cirujana todas las peripecias que una joven puede enfrentar al querer encontrar la respuesta a muchas de las preguntas que siempre nos invaden, pero que a esa edad generan demasiada angustia: ¿quién soy?, ¿cómo logro que me acepten?, ¿estoy que soy me gusta?, ¿qué voy a ser de grande?, ¿cómo hacerle para que otros me quieran como yo les quiero?  

Confesiones de una booktuber no se va por las ramas ni inventa cosas extrañas, utiliza los principios básicos que Propp plantea en la Morfología del cuento para contar una historia actual. Y sí, tanto la heroína de este relato como el lector serán otros al llegar al punto final. 

No tengo dudas de que este libro debe ser leído en cada colegio de este país y también por cada adulto que tenga hijos. Una novela que a todos los puede concientizar sobre daño que las acciones y las palabras le hacen a cualquier ser humano. 

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*Confesiones de una booktuber: Esther M. García. Norma: 2018. México. 

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