En los últimos meses he confirmado la importancia que tienen las redes sociales para que un personaje público exponga libremente sus ideas, y también, ¿por qué no?, para dejar al descubierto sus filias, fobias, y claro, sus parafilias de pilón.

Me considero una usuaria intensa de las redes –sobre todo de Facebook– sin embargo, si lo que uno quiere es conocer la medida de la mecha que enciende los humores de cada quién, Twitter es el mejor laboratorio.

Los usuarios más polémicos de Twitter se caracterizan: a) por ser sobradamente amados b) por ser exquisitamente despreciables.

No hablaremos de los primeros porque su buempedismo raya en lo enfermizo, sin embargo, una legión de alienados cree que son el non plus ultra y los entronizan como si de verdad abonaran algo a la permanencia de la especie humana sobre el planeta.

Hablemos de los segundos. La lista es grande. Muy. Y creo que mundialmente la encabeza Donald Trump, quien a diario recibe millones de mentadas de madre en todos los idiomas habidos y por haber (hay quien se la refresca hasta en esperanto, y eso es mucho decir).

Por su parte, en México la cosa está perfectamente definida: es una guerra sin tregua entre chairos y fifís, así pues, los que encabezan la lista de desafectos son Jalife, Alasraki, Javier Lozano Alarcón, Peña Nieto, Calderón, Fox, Fabrizio Mejía, Genaro Villamil y Sanjuana Martínez.

Obviamente los santones de la derecha tienen como blanco principal de sus ataques a AMLO y anexas: Noroña, el “Cuau”, Sergio Mayer, Beatriz Gutiérrez, Jalife, etcétera; mientras que los amantes de la izquierda (más bien del extremo centro) hacen fiesta con los respectivos desatinos en los que incurren las plumas alineadas a la mochilería, el flagelo y la hípercorrección política (Ciro, Castañeda, Loret, etcétera).

A la fecha no creo que exista un usuario de redes que no abra los ojos por las mañanas y se remita a su Smartphone para ver qué nuevo espectáculo nos brindan estos personajes.

Lo desconcertante del performance cotidiano es que los miembros de tan selecto club no asuman que el que se lleva se aguanta, o para ser más claro: que existan hombres y mujeres que sin gustarles el fuego se metan a la cocina. O para ser todavía más específicos y menos barrocos: que en Twitter haya actores (sobre todo políticos) que no aguanten vara y bloqueen a todo aquel que los increpe (con descalificaciones o sin ellas). Claro está que al entrar al ring la regla está expuesta: uno va directo –y sin escalas– al así llamado Callejón de los Chingadazos.

Entre la mar de usuarios que padecen sensibilidad dermatológica virtual, o sea, que tienen la piel delicada y propensa a moretones, y acaban por bloquear a los haters o de plano cierran sus cuentas, encontramos a: Denisse Dresser, Galilea Montijo, Betty Müller, y la más reciente, Sanjuana Martínez: la “reporturista” que ocupó la titularidad de NOTIMEX y ha desvelado su mediocridad a niveles insospechados. Lo mismo que le pasa a Villamil, cuya única virtud en la vida consistió en ser el fan número uno de Monsiváis, de quien por cierto no aprendió nada en absoluto.

El de Sanjuana es un caso digno de estudio, ya que como diría Álvaro Carrillo:  “Sabrá dios” porqué el presidente la puso en una posición en donde se volvió más vulnerable de lo que ya era de por sí.

A Sanjuana la precede su fama de intolerante, inculta y mala escritora. Lo que sí hace bien, y ya lo dijo el poeta David Huerta, es calzarse el traje de delatora profesional y policía china.

A Sanjuana la rebasó el poder que le fue otorgado, y si a esto le sumamos el alto grado de paranoia que ha padecido desde siempre, el resultado es un auténtico coctel molotov.

Lo más absurdo de todo este embrollo es que la señora haya cerrado su cuenta (personal) de Twitter cuando se supone que esta afamada red social es el único medio en el que no existen mordazas (aunque también es cierto que es el tribunal más parcial que existe).

Hace apenas tres o cuatro días, Sanjuana publicó en su cuenta un tuit que iba de lo sublime a lo ridículo, ya que hacía mención de un supuesto reportaje que estaba llevando a cabo la agencia para ubicar a los bots que la atacaban; “miles de bots” y personajes reales de alta influencia como Héctor de Mauleón, Rafael Pérez Gay y el escritor Alberto Ruy Sánchez. Y la pregunta que se impone es: ¿hay alguien en este planeta que pueda tener un mal sentimiento hacia el mago blanco de la literatura mexicana?

Los delitos de Ruy fueron varios, y al parecer son imperdonables para Sanjuana (quien ha demostrado en esta y en otras ocasiones ser una resentida social de cepa). Ruy fue puesto en la picota por pertenecer a la élite de escritores que sí saben escribir, por ser dueño de la mejor revista turística de México, por bailar como los dioses y por haber obtenido en varias ocasiones la beca del FONCA.

Queda claro que lo mismo sucedió en el caso de Pérez Gay, que a pesar de haber sido hermano de uno de los intelectuales más dotados que creyeron siempre en el proyecto de AMLO, es hasta la fecha un mordaz crítico de la izquierda y sus nuevos “preclaros”, en voz de su alter ego, Gil Gamés, que escribe la columna “una hasta el fondo” (sin duda, una bocanada de aire fresco entre tantas columnas pretensiosas y barrocas que se publican a diario).

La chispa que encendió aún más el encono de la gente pensante contra Sanjuana fue, en primer lugar, el desplegado que emitió NOTIMEX con la finalidad de “exhibir” a 28 artistas que han recibido constantemente apoyos del FONCA, entre los que se encuentran (además de Ruy Sánchez) Christopher Domínguez Michael, David Huerta, Fabio Morábito y Pancho Hinojosa, por mencionar a algunos.

Todos los anteriores son (nos guste o no) ensayistas, cuentistas, poetas, novelistas y críticos respetables cuya trayectoria habla por sí sola; entonces resulta sumamente lamentable que Sanjuana haya actuado de la forma más visceral (y vulgar) al publicar ese “reportaje” en el que, sin querer, evidenció toda su frustración de escritora malograda que redacta, tuitea y habla con faltas de ortografía.

A propósito del repentino cierre de su cuenta en Twitter, una usuaria comentó de forma irónica: “coincido con el presidente: Sanjuana es incapaz”.

Así pues, a partir de hoy esta prócer de la libertad de expresión tuiteará exclusivamente desde su cuenta institucional (alabado sea el señor).

…Y en Puebla también hay delicaditos. El nivel del debate entre los tuiteros poblanos es una copia a escala del caso anterior. Existen los rudos y los técnicos. Los que pegan y esconden la mano, los que se guarecen detrás de un bot y los que bloquean a sus críticos.

Debido a lo extraordinario de los sucesos acontecidos a partir de la campaña del 2018 y la posterior caída del helicóptero en el que murieron Moreno Valle y Martha Érika Alonso (y como colofón, la estrepitosa extinción del morenovallismo), el Twitter poblano se vio más polarizado que nunca.

Los que no estaban, aparecieron. Los envalentonados de siempre se apearon. Los cobardes reforzaron sus consabidas prácticas de golpeadores enmascarados, y los clientes del bloqueo siguen demostrando que cuando uno trae la cola larga lo mejor es cortársela o esconderla.

Así sucedió este fin de semana con José Juan Espinosa Torres, ex alcalde de San Pedro Cholula quien vive jornadas llenas de zozobra ante la posibilidad de que le saquen el historial negro (alguien regálele un Lexotán, plis).

José Juan lleva años siendo un personaje ambiguo, ya que a veces es el porro más porro de la comarca, y a veces es un dócil ovejero, sin embargo, durante las últimas semanas fue embestido brutalmente por el abogado (y ex vocero de la campaña de Miguel Barbosa) Carlos Meza Viveros, quien desde su irrupción en las redes sociales ha levantado ámpula por sus lapidarias críticas al gobierno de Claudia Rivera Vivanco, así como también ha desvelado algunos secretos incómodos que persiguen al magistrado morenovallista Alberto Miranda Guerra, y por supuesto no olvidemos la cruzada permanente que sostiene contra Javier Lozano por el juicio de daño moral que emprendió contra Bartlett, al cual Meza le dio la vuelta y es el panista quien ahora deberá rendir cuentas.

Pongo sobre la mesa este caso en particular porque José Juan Espinosa padece el mismo mal de Sanjuana Martínez: cuando no pueden contra el enemigo, lo bloquean, pero quienes conocen a Meza saben que es experto en encontrar hasta la ruta más sinuosa para poner en jaque a enemigo. Digamos que el abogado algo sabe de ajedrez… y de bulineo intenso. #NIAGUANTANNADA