Por David Carmona Sánchez

La democracia (del latín tardío democratĭa, y este del griego δημοκρατία dēmokratía) es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen conforme a mecanismos contractuales.

Del anterior concepto se desprende que el poder es solo del pueblo. Más justo nada.

Tristemente hemos sido testigos de que infinidad de personajes y personas (por decirlo así), han transitado en su vida sirviéndose del concepto erróneo de la democracia.

Hoy en día podemos poner como ejemplo el caso “Lozoya”, quien después de servirse con la cuchara grande y obedecer a sus amos e intereses para enriquecerse ahora desvelan los motivos y las personas que contribuyeron a saquear a un país, a enriquecerse y asegurar de manera monetaria y patrimonial a todos sus círculos cercanos.

Ahora toca a los otrora “amigos” de “Lozoya” defender lo indefendible”, el caso más puntual y cercano debemos observarlo de parte del “comunicador” hermano de Videgaray Caso, que mejor hubiera podido vacunar a su hermano con su silencio. Pero la conducta asumida en defensa de su hermano creo que siembra sospechas de que él también quiere salvar el pellejo por las conductas y actos realizados en su vida.

Vienen muchos nombres, de gente “de poder”, políticos, empresarios, gobernantes de todos los niveles, quienes prefieren escudarse en la pandemia que nos ataca y así salvar el pellejo, ladrones de cuello blanco, quienes de manera obscena han creado vínculos para hacer de este país un esperpento de impunidad.

Conozco de muchos servidores públicos que de manera honesta viven y sobreviven, así como de enanos que por un mínimo cargo en el servicio público piden favores, lavándose las manos con su labia, ofertando ayudar a sus “amigos” que los apoyaron de manera legítima a alcanzar sus aspiraciones, lo único que les importa es salvar el pellejo y cobrar su cheque (aunque sea más alto de las percepciones del primer mandatario de este endeble país), mientras contamos con millones de desempleados con motivo de esta pandemia, lo que genera terror y desesperanza en los millones de mexicanos que pierden su forma de vida honesta, mientras esos “servidores públicos” se sirven para ellos, para su bolsa.

Lejos estamos de ideales, de valores, más bien nos preocupamos por tipejos de esa calaña para que no nos hagan más daño.

Y más lejos estamos de los valores democráticos y ciudadanos anhelados.

Que Dios nos agarre confesados, y mejor aún, que les cobre la factura a todos esos cutres saqueadores y vividores del servicio público, que de servidores no tienen nada, solo que aprovecharon el momento para colarse en la nómina pública y así viven felices, hay muchos nombres, pero recitarlos para mí sería un despropósito, pues les daría importancia sin merecerla. Así como a mercenarios de la comunicación que solo nublan la mente de los mexicanos de a pie como yo.

 ¡A quien le quede el saco que se lo ponga!

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