Por Dr. Héctor Hugo Bustos López
Fotos: Santiago Arau

La Organización Mundial de la Salud (OMS), a cargo de su Director General, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, en marzo 11 del 2020 declaró la infección de coronavirus como una pandemia al superarse los 100,000 casos a nivel mundial. Se le designó con el nombre COVID -19 o SARS-CoV2 por el Comité Internacional de Taxonomías de Virus (ICTV).

Esta pandemia es una emergencia sanitaria y socioeconómica mundial.

La secretaria de salud mostró una serie de síntomas inicialmente a los pacientes que tuvieran COVID-19. Estos fueron fiebre, tos generalmente seca, malestar general, dolor de cabeza, dificultad para respirar, ojos rojos, escurrimiento nasal. Estos síntomas podían evolucionar hasta una neumonía muy agresiva con falla renal, insuficiencia respiratoria, falla hepática, alteraciones de la coagulación y muerte.   Estos síntomas, efectivamente, fueron los que se reportaron cuando iniciaron las descripciones en revistas médicas afamadas en el mundo, sin embargo, el conocimiento del virus era muy prematuro.

Más allá de su infectividad (capacidad para contagiar), hoy en día se sabe que el virus es muy agresivo cuando se presenta en su forma severa.

El virus es capaz de invadir no sólo el sistema respiratorio: nariz, faringe (garganta), pulmones, sino que por diversos mecanismos puede entrar en cerebro, corazón.  pulmón, corazón, riñón, placenta, páncreas, hígado, vejiga, próstata, intestinos (ileo), ojo, piel, placenta y testículo. Esto hace que la lista de síntomas sea mucho más amplia. Ahora ya no es solamente una pulmonía (neumonía), puede haber lesiones en piel, accidentes vasculares cerebrales (derrames cerebrales en jóvenes que no tenían síntomas), dolor abdominal, diarrea, inflamación testicular (orquitis), anosmia (dificultad para oler), disgeusia (dificultad para degustar) y varios más.

La infección por COVID-19 se observó que se presentaba como una infección asintomática (sin síntomas) o presintomática (antes de los síntomas en 30% de los pacientes, con síntomas leves o moderados en el 55% de los casos, con síntomas severos en el 10% y en 5% como un cuadro que requiere una Unidad de Cuidados Intensivos, y la mencionada ventilación asistida -un sistema mecánico de respiración a través de un tubo dentro de la tráquea conectado a un ventilador que indica la presión, la frecuencia y la cantidad de oxígeno que necesita un paciente que no puede respirar por sí mismo-. Para que te des una idea, el Metro, el Sistema de Transporte Colectivo, informó que se han realizado mil 500 pruebas con 91 casos POSITIVOS y el 92 por ciento de ellos se encuentra asintomático. Esas 91 personas han contagiado a sus familias, a usuarios, amigos, novios, esposas etc. 

Se observó además una tercera variable: la agresividad del virus depende de varios factores: la edad del paciente, y si hay co-morbilidades (Otras enfermedades) como Diabetes, hipertensión arterial (presión alta), cáncer, inmunosupresión (bajas defensas, SIDA por ejemplo), enfermedad hepática, renal (insuficiencia renal) si hay obesidad o si el paciente fuma. 

Al final hay una ensalada de síntomas y de pacientes. La ensalada podría llamarse “Los síntomas NO SON IGUALES EN TODOS LOS PACIENTES”.

Familiares van a manifestar desacuerdo con el diagnóstico de COVID-19
Foto: Santiago Arau

La Secretaria de Salud al inicio indicó que aquellos pacientes con síntomas pero SIN DIFICULTAD PARA RESPIRAR (casos más severos), se comunicaran a un teléfono de emergencia estatal o federal. Las razones fueron para no saturar los servicios de salud y disminuir el riesgo de contagiar a más personas.  El teléfono de emergencia te daba indicaciones telefónicas y en caso de falta de aire, te indicaban una unidad hospitalaria para ser valorado. Generalmente no había pruebas diagnósticas, sólo diagnósticos presuntivos (por teléfono había un diagnóstico de COVID).  Una serie de medidas generales para dolor, malestar, fiebre eran sugeridas. Más indicaciones de alarma si no controlabas la fiebre o te faltaba el aire había indicaciones de irte al hospital. 

El punto es que cuando te FALTA AIRE, el cuadro puede estar muy avanzado. Las posibilidades de que un paciente con falta aire tenga una pulmonía (neumonía) son muy elevadas. La evolución hacia un cuadro muy grave suele ser muy rápido, en horas o en un par de días. Se requiere para evaluar pulmones una Tomografía Axial Computada. Cuando el paciente tiene falta de aire, por lo general tiene HIPOXEMIA (niveles oxígeno generalmente por debajo de 90 de PO2 saturación de oxígeno) y las posibilidades de usar una ventilación asistida en un paciente con hipoxemia severa y neumonía son altísimas.   

En México, las probabilidades de muerte para un paciente críticamente enfermo que es intubado es del 80%, declaró el Dr. Hugo López Gatell, Subesecretario de Promoción y Prevención de la Salud, y publicado por el periódico Reforma el 22 de Abril.

Para Estados Unidos, las cifras no son tan diferentes. En un estudio de 2 mil 600 pacientes se encontró una tasa de mortalidad extraordinariamente alta del 88 por ciento entre los pacientes de COVID-19 en el área de la ciudad de Nueva York, que tuvieron que ser colocados en ventiladores mecánicos para ayudarlos a respirar. Este estudio fue publicado por el Journal of the American. El segundo punto es que muchos pacientes pueden tener HIPOXEMIA ASINTOMÁTICA, es decir, que tienen baja de oxígeno (hipoxemia) pero no presentan falta de aire.

¿Cómo se traduce esto a los casos que vemos todos los días?

Ingresa tu papá, tu abuelito, tu hermano (la frecuencia de COVID es de 6 hombres por 4 mujeres) y ves que desayuna bien, estaba en “buenas” condiciones, pero tenía una co- morbilidad (diabetes u otra) , y podría o no referir falta de aire.

Al ingresar le encuentran HIPOXEMIA. La evolución hacia una ventilación asistida es asombrosamente rápida; el deterioro incontrolable medicamente hablando; lo intuban, y muere en horas.

Los familiares montan en cólera y con frecuencia vemos las notas amarillistas que relatan ”Estaba bien, mataron a mi familiar”.

Es posible – si es el caso- que tú no creas en esta infección viral. En un virus que no tiene vida propia. Un virus que requiere un huésped para replicarse. Pero en el momento que estés leyendo esto (18 de mayo 19.39 pm) existen casi 5 millones de casos en el mundo y 316,000 muertos.

Es posible que tengas tu propia teoría de conspiración, pero las camas con ventiladores no están siendo suficientes.

Es posible que quieras participar en un torneo de fútbol mañana, pero cada día en México están habiendo 3.000 nuevos casos diarios, probablemente hasta el 5 de junio.

Es posible que digas “a mí no me va a dar”, pero 30% de las muertes han sido de médicos y personal de salud, que han ofrendado la vida por ti. 

Es posible que digas “a mí me la pe…” , pero te aseguro que los médicos estamos desesperados ante una enfermedad nueva que no tiene tratamiento y no tiene vacuna.

Algo sí te aseguro: los médicos no te estamos matando.

El gobierno no te está matando y de dónde haya venido este virus, aprovecha las noches de los pacientes intubados para replicarse por los penalties fallados.           

Familiares van a manifestar desacuerdo con el diagnóstico de COVID-19
Foto: Santiago Arau