I. El hombre de los lentes de pasta roja

Hace aproximadamente cuatro años, recibí una solicitud de amistad en Facebook de un personaje que sólo conocía a través de su trabajo como cineasta. La foto de mi nuevo amigo (un hombre muy blanco, rapado de la cabeza y con unos lentes a la moda de pasta roja) me recordó que no sólo conocía su nombre por las películas que había filmado –y que he disfrutado en el cine– sino que me llevó a hacer memoria. ¿En dónde lo había visto? Dos minutos más tarde vino a mi cabeza una de sus películas: Los Fabulosos 7, que cuenta las peripecias de un grupo huesero, es decir, una de esas agrupaciones que hacen las delicias de las fiestas del barrio.

En esa película, recordé, aparecía un sujeto muy parecido al que me había enviado la solicitud de amistad por Facebook. Volví a ver la película por internet y descubrí que, efectivamente, Fernando Sariñana aparecía en su propia cinta interpretando a un productor musical de gustos exquisitos.

Con el tiempo descubrí que, antes de ser director y productor de cine, Fernando había sido parte de varios grupos musicales. También supe que era un gran conocedor de  figuras del jazz. Supongo que de ahí, de esas jornadas de escucha, le nació a su hija el amor por la música. Pero no cualquier música, pues si hay algo que caracteriza a Ximena Sariñana, es el swing que tiene para interpretar las canciones que graba.

En su música hay algo más que una rigurosa educación académica. Claro, pensé, no es lo mismo asistir a una academia prestigiosa en el extranjero, que ser invitada cotidiana a un festín de los sentidos dado en casa. “La Sariñana” posee algo que no se adquiere en las aulas, sino que le viene de herencia: oído y ritmo. El trabajo de Fernando Sariñana sobresale de entre los demás directores de su generación precisamente por eso: sabe contar una historia con todos su matices. 

II. Visitas al Puntarena

Hay una máxima que rige mi vida: siempre es mejor no conocer en persona a alguien que admiras. A menudo suele pasar que vas a concierto de alguna estrella de rock que sigues puntualmente, y luego, por esas casualidades del destino, un día ves al personaje en cuestión y se te cae del altar en que lo pusiste muchos años porque es completamente distinto. Eso no pasó con el hombre de los lentes rojos, sino todo lo contrario.

El día que conocí a Sariñana en persona tuve a certeza de que el director era congruente con el ser humano. Fuimos al restaurante Puntarena para platicar de un posible proyecto, y confirmé que su plática tenía la misma frescura que su trabajo.

Fernando Sariñana había pasado la prueba del ácido, es decir, mostró su “verdadero yo” sin que ese “verdadero yo” resultara desastroso. Por eso decidí buscarlo para que me diere una entrevista sobre un tema que está poniendo en jaque a los productores y directores de cine: el acoso sexual.

Sabía que de darme la entrevista, Sariñana no se guardaría para sí las opiniones que giran en torno a este tema, y más que una entrevista acartonada pasada por la cosmética de la auto-censura, lo que presento a continuación es parte de una larga conversación entre dos personas que cuestionan ¿qué hay más allá de movimientos como el #metoo? 

Alejandra Gómez Macchia: Los hombres, no sólo los de tu profesión, viven momentos muy difíciles. A partir de que se soltara el movimiento #metoo, hemos visto el ocaso de varias carreras. Harvey Weinstein es el caso más sonado. 

Fernando Sariñana: Sobre todo en Estados Unidos hay una cacería de brujas muy marcada. Cualquier hombre que se atreva a sugerir algo con connotaciones sensuales, inmediatamente es condenado. Sólo basta ser hombre para ser sospechoso, lo que es una dinámica muy difícil porque es, esencialmente, un juego de poder, y en esta industria (la fílmica) hay una dinámica de poder muy marcada a favor de los hombres. Sin embargo, una cosa es el eterno zipizape entre el portador de cierto poder contra el sometido o la sometida, y otra es la cacería de brujas. Tiene que llegar el momento donde se encuentre el justo medio. Cuando se ubique perfectamente qué es lo perseguible, sin que se la sociedad se enferme de un moralismo absurdo, como se debate en el manifiesto del grupo de francesas contra el puritanismo. No se trata de aniquilar la sensualidad ni el cortejo. El péndulo debe encontrar el centro.

AGM: Llegar y/o permanecer en el medio del espectáculo es complicado, y es sabido que muchas de las que hoy se autoproclaman víctimas, han aceptado con plena voluntad entrar al jugueteo, al comercio de favores sexuales por papeles. Supongo que cuando te volviste un director de renombre en nuestro país, no habrá faltado que una o más mujeres llegaran a ofrecerte esos favores como un método casi infalible de comercio… aunque con el tiempo lleguen a negarlo, e incluso les haya pasado por la mente utilizar esos hechos a su favor en un momento tan delicado como este.

FS: No una vez. No dos. ¡Muchas! Insinuaciones desde las más absurdas hasta las más sutiles. Dado que es una guerra de poder, es evidente que parte de la estrategia es conseguir “algo”, es decir, que una mujer, con tal de quedarse en un papel, te seduzca y te haga pensar que existen posibilidades para que, con base en esas posibilidades, tú, como director, tomes una decisión a su favor. Es pura y dura estrategia. Es una pequeña campaña. Insisto: una dinámica de poder que tiene todo que ver con la posición que tú, como director, ocupas, pues de no tenerla, no se te acercarían de esa manera. Uno como hombre lo que menos quiere pensar es que la mujer va tras de ti sólo por la posición que ocupas, aunque por otro lado, es completamente distinto que tú (hombre-director) desde tu posición de poder abuses. Las dos perspectivas son igualmente jodidas. En mi caso me ha tocado ver cosas brutales como llegar a mi oficina y encontrarme con una mujer completamente desnuda.

AGM: ¿Y qué haces en ese momento? Han de pasar mil ideas por tu cabeza…

FS: ¡Vístase, señorita! Recuerdo que en una película que produje, la posición de una de las actrices con el director era brutal. Estaba, evidentemente, seduciéndolo, haciéndole creer que había chance de todo. Y al final fue una tragedia porque ella lo mandó a la chingada cuando él avanzó. 

AGM: Eso pasó en México, pero qué hay del otro lado. Tu trabajo oscila entre Los Ángeles y acá.

FS: Conozco a productoras o escritoras en Estados Unidos, que de pronto en Nueva York se iban a los cafés donde sabían que asistían regularmente agentes productores (que quede claro que esto es contado por ellas mismas) y de plano se iban en atuendos muy provocativos porque sabían que de esa manera iban a llamar la atención. Volvemos a lo mismo, es un juego de poder. Y estas chavas antes te lo contaban sin el menor rubor y ahora son de lo más feministas. Entonces uno ya no sabe cómo clasificar este tipo de acciones. Estados Unidos es una sociedad obscenamente puritana, conservadora y moralista.

AGM: ¿Cómo cambia la dinámica de trabajo en Estados Unidos con respecto a tus formas de desenvolverte en México?, pues claramente nos regimos por códigos abismalmente distintos

FS: Antes de que pasara todo este desmadre de Weinstein, ya había una conciencia muy especial. Tú, como productor o director, en todos los estudios y en todas las producciones tienes que tomar una especia de curso para saberte comportar en temas que implican situaciones emparentadas con el sexo. Es obligatorio. Seas director o seas lo que seas. Pero ahora con estos escándalos es cincuenta veces peor. Como mexicano es común que, como hombre, le digas a una chava “oye, qué guapa te ves”. Allá, ¡olvídate! No se te ocurra hacer esas expresiones. Yo he tratado de evitar siempre que las actrices piensen que estoy coqueteando, pero independientemente de eso creo que hace falta reconocer cuáles son los espacios en donde “sí se puede”. Finalmente,  yo estoy casado. Pero me pongo a pensar, por ejemplo, que yo tengo un hijo que está empezando su carrera en la industria allá (Estados Unidos), y me comenta que, de pronto, hay una paranoia terrible porque no sabes en qué espacios sí puedes adelantarte o hacer un lance, no sólo en el ámbito de laboral, sino personal- casual. ¿En qué va a parar esto? ¿En que ya nadie coja? Ya no se pueda dar el cortejo de manera natural porque ahora se necesitan reglas para que no se preste a malos entendidos. ¡Y aunque seas gay!, mira a Kevin Spacey: lo acabaron. Es una situación de poder, no de la relación hombre-mujer. No del sexo como tal. ¿A dónde se va a ir a arrumbar la cachondería?

AGM: El escritor español Javier Marías publicó en una de sus columnas un texto buenísimo en ese aspecto. Después de la lapidación pública de Spacey y de las acusaciones casi risibles de una actriz que acusaba a Dustin Hoffman por haberle tocado la rodilla (¡la rodilla!),  Marías se cuestiona que estamos llegando a un punto absurdo de tener que redactar un manual para el escarceo del siglo XXI, lo que le quita completamente la naturalidad y la espontaneidad a los romances.  

FS: Es absurdo el tema, al grado de que una película que acababa de filmar Kevin Spacey (antes que se desencadenaran los escándalos en torno a él), tuvo que volverse a filmar en cuatro o cinco semanas. Pusieron a un nuevo actor, y eso costó cincuenta millones de dólares más, ¡pero aunque hubiera sido un millón!, es un despropósito no separar al artista, al actor, de sus conflictos personales.

AGM: Yo que te conozco, sé que eres una persona que respeta los derechos de cada género. Das el valor justo tanto a hombres como a mujeres, pero ahora, con estos nuevos brazos ultra radicales del feminismo supongo que es complicado lidiar a la hora del trabajo. ¿Cómo ves el estado del feminismo actual? 

FS: Está cabrón. Las redes sociales han catalizado este fenómeno (el del feminismo intolerante e incendiario), porque son tribunales muy jodidos en donde el inculpado no tiene derecho de réplica. Eres culpable desde el principio. Es la nueva inquisición.  Yo, en México, no he visto el tema tan exagerado como en Estados Unidos. Allá es una pandemia. Hay un pánico generalizado. En México, ese feminismo no ha llegado a los extremos. Y es que como hombre es muy complicado hablar de ese tema, opinar, pues recordemos que inmediatamente, tú, hombre, eres culpable de entrada. Y más si eres un hombre blanco, con cierta posición de poder, porque eso significa que, sin duda, eres un ojete. Punto. Porque te ven como “un hombre privilegiado”, aunque en Estados Unidos ya no seas privilegiado en realidad. Ahora los hombres blancos-heterosexuales son minoría. Acá en México, si eres un hombre blanco, heterosexual –y si los jueces morales y sociales consideran que eres “privilegiado” por lo anterior– cualquier cosa que digas será tomada a mal porque eso, el supuesto privilegio, te convierte en un puto macho. 

AGM: Son juicios que volvieron a tomar auge entre aquellos que dicen que hay que “descolonizarse”. Un tema que me parece obtuso, pues sin el mestizaje muchos de los que se manifiestan, no existirían. Intentar aniquilar en vez de tolerar.

FS: Son métodos de represión, que a su vez generan algo más terrible, la auto-represión. Llegó el momento en el que tú te tienes que cuidar absolutamente de todo. Deja tú qué va a pasar con la sensualidad, con la cachondería. ¿Qué va a pasar con las relaciones normales ente hombres y mujeres, donde  yo me tengo que cuidar de todo lo que te diga porque no vaya a ser que me demandes. Tan fácil como, por ejemplo, ahorita: tú me estás entrevistando, somos amigos, pero yo no sé si mañana enloquezcas y salgas a decir: “Sariñana me acosó” (risas). Y deja que salgas y me demandes ante la corte, sino que mañana despierte con la novedad de que en Twitter pusiste un hashtag donde me menciones acompañado del famoso #metoo… te van a creer y se jodió (o mejor dicho, me jodiste) y ahí sí, no importa lo que yo haga o pueda decir en mi defensa. 

AGM: He conversado con muchos hombres sobre este tema. Hombres con o sin poder. Y muchos coinciden en que ya no pueden dormir tranquilos, no porque tengan una mala conciencia, sino porque no saben si en determinado momento, una situación de cortejo del pasado sea tergiversada y magnificada a tal grado que les arruine la vida, y tú, ¿qué tal dormiste anoche? 

FS: (Risas) Creo que estoy más allá del bien y del mal. Trato de no pensar en eso.  Lo que sí me queda clarísimo es que las víctimas existen. Que el hombre ha abusado de su poder y que las mujeres, históricamente, han sido las víctimas naturales de ese abuso. Sexual o no. Lo que está pasando ahora es esa inversión del poder. Las mujeres que lo están tomando muchas veces tampoco están ostentándolo como se debe. Es de humanos perderse en ese poder. Abusar de él. Es lo que hacen las chavas que utilizan un escándalo como reflector para alcanzar algún fin, a veces no muy noble. Hay que leer a Foucault, ahí lo dice: el poder se ejerce desde muchos espacios, no nada más en el espacio evidente del poder. El poder se auto ejerce. Hay veces que crees que no estás ejerciendo el poder cuando en realidad sí que lo ejerces. Es una estructura, por lo tanto, todos somos víctimas y victimarios. 

AGM: ¿Has tenido una acosadora como tal? ¿Alguien que estuviera todo el tiempo detrás de ti señalándote y presionándote?

FS: Claro que me han perseguido y amenazado con decir cosas que yo desconozco. Pero eso no me hizo pensar, ni por un momento, abandonar mi carrera, puesto que yo estaba en una posición distinta. No te puedes comparar con la chava que está empezando su carrera. Hay chicas que terminan cediendo ante lo que creen que será una oportunidad. Conozco infinidad de casos. Por ejemplo: el director que está entrevistando a la actriz y nota que esa actriz le está coqueteando abiertamente. El director, que no es de palo, cierra la puerta y le dice, ¿y ahora qué? Entonces la actriz recula y se indigna, cuando llevaba varios minutos dando toda una serie de señales. En ese caso en particular, la actriz está ejerciendo su poder sobre el deseo del otro. Lo está manipulando para conseguir algo, aunque sea llevarlo al límite. 

AGM: ¿Hay muchos Harvey Weinstein en la escena del cine nacional? 

FS: Claro, pero eso se hace en lo oscurito. Con las puertas cerradas, y nuestra propia estructura social, tan dispar, tan machista, impide que casos como los de Weinstein salgan fácilmente a la luz. Creo que es de una generación anterior a esta. Así eran las cosas, se daba de manera casi automática. Cuando yo llegué a México después de estudiar cine en California, en el famosísimo condominio de productores que estaba (y creo que todavía está) en Churubusco, un día, recién desempacado de Estados Unidos, llego a mi oficina y me topo con que está una muchacha muy guapa con un perrito. Entonces le digo: “perdón, me equivoqué, me voy a salir”. Y ella dice: “no, no, no, no te equivocaste. Te estoy esperando”. Y empezó con un rollo de seducción brutal. Me lo pensé bien y dije, “perdón, con tu permiso”, y me fui. Al día siguiente, me ponen a otra. Y digo, ¿pues de qué se trata? Y uno de los productores que andaba por ahí dijo: “¿Qué no te gustan las mujeres o qué?”.

Al día siguiente me pusieron a otra. Hasta que se convirtió esto en un juego muy pendejo. Cada día me ponían una más fea, hasta que al final me mandaron a un hombre. Imagínate. Así era el desmadre ahí dentro. O también te mandaban el “libro de extras”, un catálogo con fotos y fotos. Y había “especiales”. Estas van “por cuenta de la casa”, decían. Así, tal cual. Y ellas iban gustosas con tal que las contrataras. 

AGM: Pero ese es más bien un tema de trata, ¿no? El proxenetismo a todo lo que da. 

FS: Sí y no. También muchas veces era la propia familia que les decía a las chavas: “a ver mijita, este señor te puede hacer famosa”. Y luego estas mismas víctimas se convertían en victimarias. Las mismas que después llegaban a desnudarse frente a ti y a ejercer su poder sobre el deseo masculino. 

AGM: Hace poco subí a las redes una foto donde aparece Uma Thurman, Heidi Klum y otras actrices (que por cierto ya salieron a exhibir a “su cerdo”) colgadas del cuello de Weinstein. Besándolo, abrazándolo. La foto, según pude investigar, no es tan vieja, es decir, el señor ya había hostigado a estas mujeres. ¿Cómo traducir eso? ¿Cómo un Síndrome de Estocolmo severo? 

FS: Creo que hay un juego muy perverso en el que estas chicas dicen “ay, pues ya sabes que así es él, es un cerdo, pero por otro lado es muy lindo y me consigue chambas, y a veces me trata muy bien, pero de repente se vuelve loco y me quiere coger… lo odio, pero pues me ha metido a mil películas”. Es complejo, porque en lugar de poner en perspectiva al “monstruo” se suele justificarlo. Alguien necesariamente gesta al monstruo, y ojo: alguien ha sido cómplice del juego. No nada más (y ahí es en donde yo difiero) los que se callaron, sino que también habrá mujeres que dijeron: “ok, pues nos guste o no este es el camino”. Y más hablando de un titán del showbiz. Lo que no se comprende del todo es por qué desde la primera vez que el tipo te agarró las nalgas, no saliste a denunciarlo. Okey, estoy de acuerdo que hay un trauma, jamás descalificaría esa situación, pero también hay una parte en la que te detienes y dices: “¿Cómo? ¿Por qué hasta ahora?” Salieron como cuatrocientas mujeres a denunciarlo. 

AGM: Esto que estamos hablando está catalogado como algo “políticamente incorrecto”, pues si se tiene una posición –ya no crítica, sino moderada– eres tildado inmediatamente de misógino. Hay muy poco espacio para el debate porque, por lo general, son casos juzgados (en la pira de las redes sociales, obvio). 

FS: ¿En qué momento se podrá tener una discusión franca en la que se puedan manejar los distintos escenarios?  Obviamente no en todos los casos hay complicidad,  y para la víctimas reales debe ser jodidísimo que haya voces que cuestionen que es un problema que va en crescendo. Eso lo entiendo. Pero existen casos muy dudosos que más bien parecen una persecución maliciosa y oportunista. Si tú, en Estados Unidos, te atreves a decir algo así, a cuestionar siquiera lo que se da por sentado sin ningún proceso, te lapidan y te condenan como cómplice.  

AGM: Cada vez escuchamos hablar más de las así llamadas “nuevas masculinidades”, como una forma de romper con los roles establecidos del hombre. ¿Qué entiendes tú sobre ese término y cómo se manifiesta en tu trabajo y en tu vida? 

FS: No creo que sea muy nuevo. Más bien es una redefinición de lo que es ser hombre y ser mujer. No es lo mismo pensar en lo que antes se esperaba de un hombre. Lo que era sobreentendido como “masculino”, ante todo en el comportamiento sexual o sensual, no tanto físicamente. Antes los hombres hacían una serie de cosas que eran exclusivas para el hombre, como ser proveedor. Este estereotipo se viene abajo desde que la mujer comienza a trabajar y a tener cotos de poder. Creo que en muchos casos los hombres que se sienten desplazados se preguntan: “¿qué carajos es ser hombre en este tiempo?” Antes, nuestros padres nos decían: “si un niño llega y te hostiga o te golpea, defiéndete y pártele la madre”. Era lo tradicional. Ahora ya no es así. Los chavos dialogan más y reniegan de esos métodos arcaicos que anteriormente eran tomados como una muestra temprana de hombría.

Es un tema de roles, de incorporar la famosa empatía hacia los demás sexos. En mis tiempos era casi impensable que uno como hombre cargara a un bebé en un rebozo. Hoy es algo plausible, cool. Pero ojo: estos cambios, o más que cambios, esta dinámica de alternar roles, depende del sector social que se habite o de las ideologías: los que se prestan a este ejercicio, que me parece muy sano, por cierto, es la gente más liberal, sin embargo, a las personas conservadoras no les cae en gracia. No sé bien qué tanto hayan cambiado las cosas, por ejemplo, en el campo, que suele ser un entorno brutal y muy machista. Creo que las redes sociales han jugado un papel importantísimo en la abolición de ciertos mitos, lo que me hace concluir que las redes, así como pueden idiotizar y fanatizar a la gente, ayudan en mucho a que haya apertura y conocimiento de otras maneras de ser hombre o ser mujer.