por Alejandra Gómez Macchia

Paquetes

El paquete es un embalaje, recipiente o envoltura que contiene algo casi siempre de manera provisional. Es un estuche o bolso o caja o amarre que agrupa cosas. El paquete es la vista exterior de un sinfín de artículos. Hay paquetes de cigarros, de refrescos, de dulces, chicles, manzanas y de bolis. De viajes, de cartas, de fiestas para bodas y de seguros. Paquetes electorales. Paquetes fúnebres. La telefonía hoy se maneja por paquetes: ilimitados, pre pagados, de consumo tope y “más por menos”. ¡Hoy acercarte a tus seres queridos que viven en el extranjero es posible gracias a los paquetes! A un ex novio le decían Paquete porque se llamaba Francisco (ese es otro tipo de paquete). Recuerdo también que cuando era niña, ser mujer y menstruar era algo bochornoso y en las misceláneas te envolvían en un paquete “el paquete” de los Kotex. En el doble sentido, se dice que un tipo tiene un “buen paquete” porque deja ver la silueta de un abultado y saludable pene. En todas las tiendas de autoservicio hay paqueterías y paqueteras.

Me gusta decir: “Donne-moi un paquet de cigarettes s’il vous plaît” porque se oye elegante decir paquete en francés y porque no sé aplicarlo de otra manera.

Envoltorio suena muy rupestre, bulto muy guarro, y embalaje muy mamón. Ahora bien, he dado algunos ejemplos del uso de la palabra paquete, pero hay una nueva manera de llamar al paquete sin su nombre (y me parece horrible y fría): “combo”. Se ha puesto de moda su uso sobre todo en establecimientos comerciales donde te retacan tres tipos de basura al precio de dos. Mc Donalds, Pizza Hut, Sanborns, etcétera, son adictos a los paquetes. Uniroyal, Goodyear y Michelín promocionan: “Llévese tres llantas a precio de dos y al pagar la cuarta (edición Limmited) le regalamos una bonita gorra”. Pero el combo no es un paquete. Más bien es una combinación que, por ende, debe ser dada a precio regular, pero a la banda le gusta que la engañen y pues ya ni modo.

Hace unos días, entre la cruda de unos mezcales y la curada con unos rones (sin duda un paquete de primeros auxilios poco ortodoxo), conversaba sobre el arte del packing, y cómo un paquete bien diseñado se puede convertir en casi un objeto de ornato por sí solo.

Steve Jobs tuvo la visión de vendernos los aparatos más bonitos del mundo enfundados en cajas tan perfectas que da pena tirarlas. Algo sabía Jobs que los demás simplemente pasaban por alto: que el diseño está más emparentado a las bellas artes que al utilitarismo.

Esos paquetes me interesan más que los otros, aquellos que Salvador Elizondo definía así:

 “Un paquete es un conjunto de seis cosas, que cuesta lo que cinco de ellas, del que solamente queremos UNA que no podemos obtener sin pagar por las otras cuatro”.