¡El cine latinoamericano pisa fuerte en el festival de cine de Venecia con una poderosa denuncia contra el opaco mundo de las maquiladoras en México, en el filme del venezolano Lorenzo Vigas La caja, en concurso este lunes en la Mostra.

Vigas, el primer latinoamericano que se hizo con el León de Oro con su primera película, Desde allá (2015), cuenta la historia de Hatzín (interpretado por Hatzín Navarrete), un joven de 13 años que recorre medio México para recuperar la caja con los restos de su padre encontrados en una fosa común.

Navarrete, que carga con el peso de la película, no es un actor profesional, sino que fue escogido entre miles de estudiantes de Ciudad de México.

Producida entre otros por el cineasta mexicano Michel Franco, quien compite igualmente en la sección oficial con Sundown, la segunda película de Vigas aborda a su manera el tema de la paternidad, o más bien de su ausencia, para hablar también de identidad, de los desaparecidos en México, de la violencia contra las mujeres y de la explotación laboral.

“Llegué al tema de las maquiladoras y a la desaparición de las mujeres de forma natural, apareció cuando el niño llegó al norte de México para buscar los restos del padre. Más de 20 mil mujeres han desaparecido en esa zona. Nadie sabe por qué”, explicó Vigas, que lleva décadas residiendo en México, interrogado por la AFP.

El director venezolano Lorenzo Vigas en el set de su película «La caja», que se exhibirá en competencia en el Festival de Cine de Venecia. («La caja» vía AP)

“Estamos en guerra con esos pinches chinos (…) No nos dejemos robar el trabajo”, clama y repite en la cinta uno de los encargados de contratar trabajadoras para enviarlas a una de esas plantas, llenas de mujeres sentadas ante máquinas de coser, unas imágenes casi inéditas.

A través de la mirada del joven que busca a su padre, el espectador va descubriendo entre inmensas llanuras y desiertos polvorientos, las mentiras, los horrores y los secretos que hay detrás de las llamadas “maquiladoras”, fábricas donde se procesan o ensamblan productos a bajo costo, situadas en esa región fronteriza con Estados Unidos y que necesitan personal maleable, que no proteste ni exija.

La película se desarrolla no muy lejos de la tristemente célebre Ciudad Juárez, donde el padre que lo abandonó, Mario -interpretado por el famoso actor de la televisión Hernán Mendoza-, se traslada para trabajar contratando gente con un autobús escolar.

Con la película, Vigas cierra un ciclo dedicado a la paternidad, al peso de la figura paterna, a su ausencia, un fenómeno que, subraya, es muy común en toda América Latina.

“No es casual que la gente se enamore de personajes como Hugo Chávez, Perón y tantos otros. A veces necesitas reemplazar esa figura paterna que nunca tuviste en casa y te aferras a alguien que reemplaza esa autoridad, esa voz de experiencia que no tuviste”, apuntó.