Tala/ Alejandra Gómez Macchia

Nunca atiendo llamadas que me hacen desde números extraños porque hace un año me pepenaron una buena cantidad de dinero por un seguro que no tengo pero que según sí tenía (y lo debía), sin embargo no lo tenía porque a mí me importa un bledo andar pagando a lo tonto un seguro de vida cuando lo que quiero a veces es morirme. No obstante hoy me distraje y contesté una de esas llamadas porque le apreté “contestar” justo cuando colgaba otra llamada y…  ¡ay, los celulares!

Es preciso saber que  cuando se contesta una llamada indeseable lo mejor es tener preparado un discurso lapidario que corte la comunicación sin tener que echar mano de las groserías o mentadas o rollos infumables que lleven al interlocutor a consumar sus perversos fines: sacarte de quicio y provocarte una diarrea súbita.

Hay que identificar cuáles son los call centers más incisivos y violentos: antes era Nextel, pero ya no existe. Ahora los más perros son los de Liverpool, Sky y Megacable, aunque los de Axtel no se quedan atrás…

Entonces cuando colgué  y tuve a mal en responder esa llamada proveniente de un número desconocido (2220458962) ya tenía preparada la artillería pesada. Todo un repertorio del más rico y avanzado alvaradeño, sin embargo, la persona que me marcó no era una persona, o sí, pero más bien era un pobre infeliz al que pusieron a grabar cientos de mensajes cargados de basura contra un candidato… y eso que sus adversarios insisten que ellos, santísimos varones de la vela perpetua, son incapaces de aventar lodo porque es pecado y diosito shalalá y shalalá.

Esas voces provenientes de una grabadora me provocan siempre mucha curiosidad y no cuelgo, ¿será porque prefiero mil veces lidiar con alguien que no se puede defender si le digo cuán casquivana es su mamacita? Puede ser puede ser.

El caso es que para escuchar mejor el mensaje que tenían los PRIANISTAS exclusivamente para mí, aumenté la tensión y pulsé el altavoz con el propósito de no perderme una sola de las sílabas que manarían de esa voz mecanizada que seguro habrá cobrado cien pesos por interpretar el triste papel de un sucio delincuentillo anónimo.

La voz era femenina. Muy parecida a la que anuncia el 2×1 en blancos y miércoles de pepinos en “La Comer”, o también se acercaba un poco a la que se oye en ese desplegado clasista del comercial de “Lomecán”, los óvulos vaginales para “Las niñas bien”.

Por gracia o por desgracia conozco de sobra a los políticos poblanos de ayer y hoy, y sé muy bien cómo exponen sus brillantes ideas. Sé identificar a la perfección las manos peludas detrás del estercolero.

La grabación era una invitación a pensársela dos veces antes de votar por Luis Miguel Barbosa, y echaba mano de un cúmulo de ruindad de la que sólo son capaces de pergeñar personajes que en su gris y onerosa vida han abierto un libro.

No reproduciré acá el compilado de bajezas con las que el equipo de Cárdenas está intentando (a lo pinche) descarrilar a Barbosa, en primera porque no sabría cómo traducir un mensaje cuya narrativa nació seguramente de un ágrafo, y en segunda porque repetir esa sarta de infamias me mancharía con las más pestilentes excrecencias que un ser humano puede echar fuera de su tracto digestivo.

Lo que queda clarísimo es que los contrincantes del candidto de MORENA ya no saben qué hacer con su tiempo ni con su dinero.

O sí, sí saben: buscan y encuentran a cada momento la ruta  más corta y segura para seguir haciendo el oso.

Por lo tanto no me quedé con las ganas de aplicar aunque sea una de esas respuestas instantáneas que ocupo en caso de recibir llamadas acosadoras, y a pesar de saber que no obtendría ninguna respuesta encendida puesto que aquel quien llamaba no era un hombre sino un pariente de robotina, aclare mi garganta y le dije, con todo respeto, vaya usted a lanzarle esputos a su chingada madre.

Colgar.