“Las personas desaparecieron, reaparecieron, hicieron planes para ir a algún lado, y luego se perdieron, se buscaron, se encontraron a unos pocos metros de distancia”

F. Scott Fitzgerald

Por Aldo Cortés

Constantemente renunciamos a los futuros que la vida pone a nuestro alcance. Esto es así. El efecto de un incipiente año trae consigo la renovación de ilusiones, de ideas, de planes y de metas. La secuencia de un tiempo lineal no es cosa nimia, requiere cierta atención advertir los daños, e incluso estragos de un enemigo invencible. Con todo, el ideario al que atendemos va más allá de lo que comprendemos.

Afable lector, este es el primer artículo del año. Bienvenidas a la ética y la estética. ¿Qué esperar? Lo mejor sería nada. Donde hay una expectativa, en definitiva, existe una desilusión. Las cosas no suelen ser lo que esperan de ellas o, peor aún, no son tan buenas como las imaginábamos. No obstante, el cariz de la vida termina por generar intenciones. Así como Ulises, como Dante, como el Quijote… la meta no es el camino.

 Sin duda este año traerá SORPRESAS. Sí, con mayúsculas. Todo debería ser así. Ilusión significa engaño. Nada ni nadie debería mentirnos, por el contrario, debería divertirnos, interesarnos, emocionarnos, cautivarnos. Ese tipo de cosas no se improvisan, requieren de un carácter extraño, de un desapego en extremo.

¿Año nuevo, vida nueva? La respuesta es valetudinaria. La vida es un banco de pruebas para crecer espiritualmente, pero sólo se crece en la adversidad, en la tragedia, en la sequía… cualidad inherente al ser humano la de atenerse y afrontar el aciago destino, la de ser como el agua que todo lo vence, porque a todo se adapta. Muchas veces somos aquello que la naturaleza necesita de otros. Otras tantas no.

Soy cada vez más cosmopolita y menos patriota. Allí donde estés bien, allí está tu hogar… y yo me siento bien en mis zapatos. Soy cada vez más Cándida y menos escéptico. Soy cada vez más de campo y no de polis. En definitiva, soy menos historia y más naturaleza.

Afable lector, las bisagras son sólidas, hay que torear, dejar que las circunstancias entren al trapo. La libertad recobra fuerza cuando la arriesgamos. ¡Feliz nuevo tiempo! Sin duda, como el río de Heráclito, no somos el mismo de ayer y, por tanto, no seremos los mismos de mañana. Las aguas del Ganges empapen tu vida. Lo que está aquí es la vida. Hay que entrar y vivirla.

Aquí y ahora. No hay nada que temer.