Para Alita 

Por Antonio Hernández y Genis

Que la economía no es una ciencia exacta es un hecho. No hay profesionistas que se equivoquen tanto, como ellos. Cada año son notorios y visibles sus errores. 

Siempre he afirmado que la política es arte porque tiene belleza, y es ciencia porque lleva implícito el conocimiento; no obstante, tampoco es una ciencia exacta. Simplemente no puede serlo una actividad de múltiples variables, muchas de ellas imprevisibles, en la que no cabe la experimentación. Ni, a las mismas causas, la búsqueda del Poder, se producen los mismos efectos. Y que la historia no da lecciones; es de sentido común, aunque los historiadores de academia no lo admitan ni lo sepan. 

Son verdades sociales e incontrovertibles. 

Sí, incontrovertibles. Y si alguien lo duda, en cualquiera de esas tres disciplinas se debe demostrar lo contrario. 

Así de fácil. 

De lo que se desprende que, combinados esos conocimientos, se tenga una idea de lo que debe de ser el gobierno. Y no más. 

El justo equilibrio en el conocimiento de esas tendencias sociales que caminan independientemente de la voluntad de los individuos concretos, puede y debe constituir la esencia de las actitudes de quien o quienes aspiren a gobernar. Y no se puede ir más allá.  

En el devenir humano no hay líneas fijas de actuación. Para acercarse a esa intención, la de gobernar (a los demás), se debe recurrir entonces a algo intangible. A lo que se conoce como valores, la axiología pues. Y de estos hay dos supremos: la Libertad y la Justicia (así, con mayúsculas). 

Decía el filósofo italiano Benedetto Croce, que “la historia es la hazaña de la libertad”. Y agregaba el filósofo metido a político, Max Weber, que “si el hombre no hubiera intentado lo imposible, nunca hubiera logrado “lo posible”. 

Los políticos frente al COVID-19

Postulados apodícticos. 

La crisis actual no sólo es de salud pública. Es total. Y sólo sobrevivirán a ella quienes salgan vivos y se sostengan apoyados en sus valores. 

Las consecuencias económicas de esta crisis actual de salud pública son previsibles y ya están a la vista. No son difíciles de entender ni de explicar. Cualquier persona puede pensarlas. No se requieren ni títulos ni grados académicos para ello. 

Y serán esas consecuencias, de muy, muy larga duración. Y dentro de ellas, quien no cambie su mentalidad y sus actitudes frente a la economía, la política y la historia, no sobrevivirá ni en el futuro inmediato ni en el mediato. 

En México, una cuarta transformación es INDISPENSABLE. Y ya está en marcha. 

Cada uno de nosotros, los mexicanos, tendrá que definir su vida.  

Nos guste o no.  

Querámoslo o no. 

Es ineludible. 

Yo ya definí mi actitud: se requiere hacer realidad una economía moral. Incorruptible.