Dedicado con inmenso cariño a quienes no han dejado de creer, pero especialmente a mi viejo.

I apologize the ones that I failed. I apologize if I was wrong. I apologize to myself because I know in the past I hated myself.

“My old man sat there and sort of smiled at me”.

Ernest Hemingway

“Ahora eres realmente un hombre. Ya has dejado de ser un cachorro humano. Ya no hay sitio para ti en la Selva. Déjalas caer, Mowgli. Son lágrimas solamente”.

Rudyard Kipling

Por Aldo Cortés

Se escribe por un fin en sí mismo, por vocación, por añadir algo nuevo a aquello que nos rodea, se escribe por imperativo kármico. Hoy creo estar en el último de los supuestos que, a decir verdad, son enunciativos, no limitativos. Razones dispares siempre existirán y todas ellas igual de plausibles. Mis respetos, todo aquel que escribe, bien o mal que lo haga, los merece.

Hace más de un par de meses que no escribo. Sigo sin poder hacerlo. Sin embargo, las circunstancias ameritan intentarlo porque, aunque el arte es largo, la vida es corta. Y no estoy muy seguro de cuánto tiempo esté por aquí. Lo digo con brío afable lector, morir es una costumbre que sabe tener la gente, sin embargo, no quiero reprocharme con la tristeza ya inútil de que nada me hubiera costado ser más bueno.

Mis padres siempre han robustecido su ética con su ejemplo. Aun cuando la nesciencia me orille a cuestionar el porqué de la postura de quienes me criaron, intento no perder la mirada amable, porque mucho de lo que intento ser es por ellos. No quiero idealizar la figura de un padre; pero recuerdo aquella frase que Akela le obsequió Mowgli: “Tú eres sangre de mi sangre”. Portentoso. Mi viejo, sin saberlo, heredó algo más allá de su código genético; heredó un carácter.

Tengo recuerdos de cuando era un nene, memorias entre canciones de los Beatles, de John Lennon, charlas de plásticos, mi viejo observando cada partido sabatino, llegado el momento verme concursar, competir. En medio de esta pandemia, de este exilio obligado, pareciera que la oscuridad cierne cada día con más fuerza. Intento reclinar la mirada, cambiar la perspectiva, entender que este proceso es bastante arduo y, en realidad, no hay una respuesta correcta. Sinceramente, solo entiendo que, de alguna forma, debemos seguir intentando. Aunque detrás de esta catástrofe, de esta maraña de pensamientos negativos, de una mente ofuscada, los resquicios de esperanza se traducen en el cariño de la gente que no deja de creer en ti, que darían un paso al vacío sin dudarlo, que, pese a todo, su lealtad nunca muere.

No estoy muy seguro de poder explicarlo, o mejor dicho, de poder escribirlo. Comprendo que, los ejemplos más pequeños suelen ser los más representativos… Mi papá es una figura compleja, siempre ha sabido transmitir seguridad, paz en medio de la tragedia. Cosas así no se improvisan. Requieren de cosas innatas. Hoy, a tiempo de ser honesto, valoro con mucha mayor gratitud que tiempo atrás, la casta y el ejemplo de mi familia. Uno no siempre es digno de las cosas y, sin embargo, es preciso recibirlas… agradecerlas. El amor es lo que se da sin esperanza de regreso. Difícilmente yo podré refrendar lo que mi familia, mis amigos y la gente que quiero ha hecho por mí. Es imposible no emocionarme mientras escribo todo esto, son muchas cosas las que siento y lamento no poder referirme a todas ellas… mi voz se rompe un poco.

No hay consejo que valga, porque muchas veces solo cabe hablar de lo que llevamos dentro. Es un intento vano intentar escribir sobre aquello que desconocemos. Afable lector, no tengo un mensaje oculto o una revelación de luz. Solo puedo decir que, a días de haber cumplido años, miro en retrospectiva, y lo único que ocupa mi mente son palabras de agradecimiento. Gracias, miles de gracias. Estén seguros que, a donde quiera que vaya, llevaré tatuado en mi corazón su ejemplo. Intentaré honrar sus enseñanzas, su legado, su manera de entender la vida, de aprender sus valores, de ser una mejor persona por mí y por ustedes.

Dejó de interesarme el discurso utilitario de creer que únicamente valemos por lo que tenemos y no por lo que somos. No quiero ser más de lo mismo. Quiero ser el mismo haciendo más.

En cierta forma, este artículo se convierte en palabras de agradecimiento. Comencé recordando a mi viejo, porque es próximo “el Día del padre”. Son las sincronías de la vida, no escribo esto por encargo, sino porque algo en mi interior me obliga hacerlo. ¿La luz de la conciencia? Me gustaría ser así de optimista, pero dejémoslo en la conciencia.

Gracias Carlitos, por déjame ver muchas cosas de ti que veo en mí mismo. Por tu generosidad, por tu ambición bien entendida, por tu ingenio y tu mentalidad. Siempre daré lo mejor de mí, aunque parezco poco, siempre será lo mejor de mí.

Daré lo mejor de mí para conservar lo más importante de ti: tu persona. Soy sangre de tu sangre. Es un vínculo que jamás podrá romperse y, tal vez, en futuras vidas, yo volveré a ser tu hijo y tu volverás a ser mi padre. Te admiro. Ahora, soy un poco más viejo, y entiendo el porqué de muchas en el pasado. Cariño y comprensión.

Querido lector, recuerdo una frase de Benjamín Prado: “No escribas para que te conozcan, sino para que sepan quiénes son”. No dudes en agradecer todo, lo bueno, lo malo, lo increíble, lo jodidamente malo. Reconocer tu propia valía, reconocer la de quienes te rodean es humildad emocional.  De muchas formas, somos afortunados por estar aquí.

Pasará un tiempo para que vuelva a escribir. No me malinterpreten. De sobra sé que, estas palabras no están ni cerca de ser plausibles, pero puedo prometer que son sinceras. Últimamente no encuentro ese júbilo, esa chispa que enciende el proceso creativo.

Ojalá que estas palabras puedan abrazar sus ojos.

Este no es un salmo pagano. Este es un salmo de redención.