Por Iván Juárez*
Foto: Agencia Es Imagen

No lo neguemos, estamos conviviendo con más frecuencia y cada vez más cerca de cada uno episodios de violencia vistos sólo en noticieros, en medios y otras regiones. El hogar y la escuela solían ser tradicionalmente los espacios de mayor seguridad para niñas, niños y jóvenes (NNJ) y los cuales brindaban las mayores garantías posibles para su bienestar. La transformación abrupta de la sociedad mexicana de los últimos años nos exige mayor atención en las relaciones familiares, de amistad y personales de las que son parte NNJ.

El caso Torreón de nueva cuenta nos paraliza y nos lleva a reflexionar sobre qué estamos haciendo y a qué contexto se enfrentan las nuevas generaciones. Las distintas narrativas del día a día, los mensajes a los que estamos expuestos y el intercambio digital están altamente cargados de violencia y de contra valores ante los cuales se tiene que establecer un criterio, lo cual no es fácil a para NNJ dado que muchas veces se encuentran en condiciones de vulnerabilidad y expuestos a altos factores de riesgo.

Estamos siendo testigos ya de las consecuencias de miles de hogares rotos por el crimen y la violencia, donde los NNJ rotos son las mujeres y hombres del mañana. La criminología del desarrollo estudia los factores que pueden llevar a un individuo o grupo a hechos como los recientemente acontecidos donde múltiples factores influyen en su actuar y estipula que es la suma de factores la que determina las conductas.

Existen una serie de factores que nos pueden ayudar a conocer comportamientos futuros negativos o violentos contribuyendo a la prevención a partir de la observación, siendo la familia y las comunidades plataformas de prevención innatas para este fin. Los centros educativos no quedan exentos ya que el desarrollo interpersonal de NNA se da partir de las habilidades de convivencia que se adquieren en el ambiente escolar a partir de la empatía.

¿Pero cómo pueden ser detectadas estas conductas en el ámbito educativo? Con la precisión de que no deben determinarse responsabilidades absolutas a las y los trabajadores del sector educativo, claro está. En 2017 fue publicado en Puebla el documento denominado “Protocolos para la Implementación de Acciones de Prevención para el Ingreso y Uso de Armas en Escuelas de Educación Básica y Media Superior” con el objeto de prevenir el ingreso y uso de armas en instituciones educativas. En él se describen recomendaciones para prevenir el ingreso de este tipo de objetos, acciones en caso de que éstas sean ingresadas y accionadas y las responsabilidades de todo el ecosistema escolar: Madres y padres de familia, docentes y personal administrativo. Este documento puede ser de referencia y gran apoyo para aquellas personas que estén en la necesidad de encontrar más información al respecto. Aunque está diseñado para las escuelas puede ser de utilidad para otros entornos.

Los factores determinantes más sobresalientes son que los NNJ sean o hayan sido víctimas de acoso o bullying, sufran pérdidas personales, presenten problemas en la escuela o familia, haya necesidad excesiva de atención, sean manifestadas ideas suicidas, se aíslen, exhiban cambios radicales de personalidad o vestimenta y experimenten bajo rendimiento escolar.

La responsabilidad comunitaria puede ser una apuesta interesante no sólo para detectar personas vulnerables sino para construir esquemas en los que cada uno se sienta con la obligación de acercarse y acompañar al otro. La indiferencia más allá de ser auto defensa representa el aislamiento total con nuestro entorno. La colaboración, el fomento a la cultura de paz y la comunicación deben ser los pilares de los mecanismos de prevención.  

Al revisar mochilas no vamos a encontrar los verdaderos motivos que pueden llevar a un NNJ a cometer un delito contra los demás y contra sigo mismo, lo ideal es que ninguno de ellos llegue a portar y usar un arma. Pero sí podemos velar por crear espacios seguros de nuevo en las escuelas, colegios y universidades en comunidad.

Construir paz brindarnos un mejor presente y heredar un mejor futuro.

*El autor es director de Comunicación del Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia de Puebla @CCSJPuebla