Por Dorsia Staff

En la simplicidad y la observación de los fenómenos naturales, el doctor Nicolás Grijalva y Ortiz encuentra una oportunidad para generar ideas que den respuesta a algunos problemas, uno de ellos, la contaminación. Con una trayectoria destacada como académico y científico ha desarrollado un prototipo capaz de romper la capa de inversión que permite la dispersión de partículas tóxicas generadas por contaminación, un mecanismo sencillo que remite a la Física de los huracanes y remolinos.

Los huracanes se forman por la acumulación de agua caliente en los trópicos en donde el viento sopla sobre el océano y le transmite una gran cantidad de calor que produce vapor de agua. La ascensión del vapor de agua y del aire calentado, más la rotación de la Tierra, forma un vórtice. Es la acción combinada de los dos forzamientos: la ascensión del  vapor y la rotación de la Tierra.

Pero el huracán, explica el doctor Grijalva, también puede ser pequeño. Su principio físico de calor y rotación también lo utilizan algunas aves cuando vuelan en círculo, pues recurren al ascenso del aire para no mover las alas y mantenerse en un lugar. Este mecanismo también lo emplean los que practican el hang gliding que se lanzan con su ala delta para mantenerse en el aire por un buen tiempo. La producción de remolinos o diablillos también sucede en esta forma.

La propuesta del doctor Grijalva consiste en retomar a través de un prototipo, el principio básico de un remolino y recurrir a las fuerzas del calentamiento y de rotación. “Observé remolinos de varios tamaños, la idea fue juntar los dos movimientos, el de ascensión por calentamiento y la rotación, para lograr que suba una columna de aire que perfore la capa de inversión y saque la contaminación”.

“Lo que hacemos es cambiar ligeramente las condiciones de densidad y temperatura y así las partículas tóxicas se pueden dispersar”, explicó el investigador de la BUAP.