Por: Mario Alberto Mejía

Metido en la derrota electoral, amparado en la discrecionalidad de la Comisión Permanente del PAN, Marko Cortés, dirigente nacional, confesó ante un pequeño grupo lo que realmente piensa de Enrique Cárdenas:

“Hubo una difícil reconstrucción de un PAN devastado y una campaña complicada por un candidato con muchas capacidades, pero sin una mínima idea de lo que es hacer política”.

Vaya.

Se había tardado en confesar lo que todos sabíamos del hombre de traje blanco que terminó más sucio que pegarle a Dios.

Entre los personajes que lo escuchan destaca uno que fue su jefe: Ricardo Anaya.

Marko Cortés ya no tiene el rostro eufórico y la mirada desorbitada de la mañana del lunes, cuando participó en una mesa de análisis con Carlos Loret de Mola en Televisa.

Ya no es el que jura que el PAN ganó las elecciones del domingo pese a haber perdido dos estados emblemáticos: Puebla y Baja California.

Hoy es simplemente el remedo del dirigente que siempre ha sido.

Y ante los reproches de sus compañeros, el multicitado se justifica, al decir de la nota de Mayolo López, del diario Reforma.

Vea el hipócrita lector:

“En el análisis de los comicios, los panistas concluyeron que la pérdida del bastión de Baja California fue responsabilidad del partido y que en Puebla no había mucho que hacer porque el blanquiazul estaba ‘devastado’.

“Marko Cortés (…) tuvo que enfrentar cuestionamientos por el aire ‘triunfalista’ con que quiso presentarse ante la opinión pública.

“’El asunto más doloroso es Baja California. Es un tema que consideramos muy complicado, muy grave –más que Puebla–, porque Baja California es nuestra responsabilidad. Es una responsabilidad mucho más concreta del PAN que lo que fue Puebla’, explicó la ex dirigente Cecilia Romero”.

Ah.

Ya entendimos.

Puebla y el poluto Cárdenas no eran prioritarios.

Si se ganaba Baja California y se perdía Puebla, los panistas del CEN ahorita estarían celebrando, más fuertes que nunca.

Continúa el cronista de Reforma:

“’El tema de Puebla es doloroso, sin embargo, la tragedia de diciembre –la caída del helicóptero en que viajaba la Gobernadora Martha Érika Alonso– pesó; pero perdimos Puebla en el nombramiento del Gobernador interino (un político priista), dijo Romero.

“’Nos arrebataron el derecho que teníamos de haber definido quién iba a ser el sucesor por decencia’.”

Ah.

Dos veces “ah”.

Por fin entendieron que la derrota del PAN en Puebla empezó cuando, en enero pasado, perdieron la gubernatura interina.

Y hablan de decencia como si los muy indecentes supieran algo del tema.

Anaya, juran, no dijo una sola palabra.

Se limitó a observar el ridículo que hacían Cortes y Romero.

En el fondo estará feliz.

Por fin derrotó, aunque sea postmortem, a su odiado Rafael Moreno Valle.

En tanto, Cárdenas —con todo y su traje manchado (hay hasta una mezcla extraña de vómito y lubricante en la solapa)— pasará a la historia panista como “el candidato con muchas capacidades, pero sin una mínima idea de lo que es hacer política”.

Lo curioso es que sus adictos poblanos están convencidos de que el triunfo en la zona metropolitana es suyo y no del voto duro panista.

Ahora que quieran lanzarlo de candidato a la alcaldía en 2021 descubrirán horrorizados que la “fichita” no sirve ni para ganar una partida de Damas Chinas.

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El Magistrado Impertinente. 

Había terminado el encuentro de Miguel Barbosa Huerta con los integrantes del Tribunal Superior de Justicia cuando el magistrado Alberto Miranda Guerra caminó unos pasos hasta donde se encontraba el virtual gobernador.

—Señor —le dijo en alusión a Carlos Meza Viveros—, su vocero constantemente me ha venido criticando de muy mala forma.

Miguel Barbosa no le dio tiempo a más y visiblemente irritado le dijo que ésa no era la forma de hacer reclamos.

Miranda Guerra se puso pálido y terminó con la mirada extraviada.

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La Venganza (el Plato Caliente).

Hay quienes después del domingo buscan vengarse del pasado.

Todavía no acaban de entender lo que pasó y ya ordenaron que les traigan un plato caliente de venganza.

(Olvidan, oh sí, que se sirve frío).

Y en ese ánimo, pierden la perspectiva de las cosas.

Quieren la sangre del enemigo a costa de lo que sea.

Olvidan otra cosa: lo que prometieron no lo lograron.

Y así es más difícil deglutir ese plato caliente que se sirve frío.

Cosa curiosa: mientras el virtual gobernador llama a la reconciliación, estos personajes buscan lo contrario.

Y nada parece saciar su sed.