Por: Mario Alberto Mejía 

Francisco Castillo Montemayor fue un marinista convencido.

Durante años creció a su sombra y prohijó a familiares del hoy prófugo Mario Marín Torres.

Los tuvo en su nómina.

Los dejó crecer salarialmente.

Y todo para quedar bien con el “patrón”, como zalameramente lo llamaba.

Las fiestas que organizó en su honor en Flor del Bosque fueron delirantes.

No había alcohol que alcanzara.

Y las cabañitas tampoco eran suficientes para las bacanales.

A su paso por la dirección general del Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla (SOAPAP), Castillo Montemayor solapó a varios familiares de Marín Torres.

Vea el hipócrita lector:

Olivia Marín Torres, hermana de nuestro súper héroe, ingresó al SOAPAP el 16 de noviembre de 1996 con un salario mensual de casi 48 mil pesos.

Con Castillo Montemayor la susodicha era gerente de potabilización de agua, pese a no tener la menor idea del tema.

Javier Marín Vidals, sobrino suyo, fue con Castillo Montemayor gerente de Alcantarillado y Drenaje.

¿Su sueldo?

El mismo de su tía.

Ya encarrerado, el ex titular del SOAPAP designó a un sobrina de Marín Torres —Gabriela Arlina Marín Lugo— como “analista administrativo”.

Ya con Francisco Palomino al frente del SOAPAP ingresaron dos sobrinos más del entonces gobernador de Puebla.

Una vez que concluyó el sexenio marinista, Rafael Moreno Valle detectó los actos de nepotismo e interpuso las más diversas denuncias.

Castillo Montemayor —cómplice, adulador y alcahuete de nuestro personaje— nunca dijo nada de todo esto.

Guardó silencio.

Faltaba más.

(Sobra decir que las liquidaciones del clan fueron millonarias).

Hoy, con un disfraz de honestidad, señala con dedo de fuego a la empresa Agua de Puebla y pide que se le descabece.

¿Con qué autoridad moral exige algo así?

Por cierto:

También quiere formar parte de la nueva administración.

Un capítulo narrado por quien esto escribe hace algunos años exhibió las complicidades que tenían.

“Apenas supo Mario Marín de la aprehensión de su compadrito Francisco Castillo Montemayor cuando tomó la decisión de viajar a España.

“La cosa estuvo así:

“El ex secretario de Medio Ambiente lo fue a ver a su Notaría para organizar el lanzamiento de una bomba en contra de un enemigo común: el gobernador Moreno Valle.

“Tres cosas conversaron: los datos de un expediente que Castillo le mostró, el plan del ex gobernador para filtrarlo con los medios del PRIPack y la oportunidad de irse con todo en la embestida.

“Estaban, faltaba más, lo que se dice eufóricos.

“Entre abrazos y carcajadas se despidieron.

“Apenas había salido el ex funcionario a la calle cuando un grupo de ministeriales lo abordó.

“Tras leerle sus derechos y exhibirle la orden de aprehensión, lo trasladaron a su nueva casa: el Cereso de San Miguel.

“Enterado de inmediato, Marín le ordenó a su particular que consiguiera el primer boleto para España”.

Hoy, faltaba menos, uno de los dos es un prófugo de la justicia, en tanto que el otro se ha vuelto el adalid de la honestidad más pura.

Es lo que hay.