Por: Mario Alberto Mejía

¿Dónde estaban los adictos a Mario Marín cuando éste decía que le acababa de dar un pinche coscorrón a esa vieja cabrona?

Celebrando entre carcajadas sus expresiones.

Nadie de su club de aduladores le dijo entonces que fuera prudente, que no se podía expresar así de la periodista Lydia Cacho y de mujer alguna.

Al contrario:

Todos le aplaudían y reconocían en corto lo que siempre pensaron: “Mi góber es de huevos”.

“No me tiemblan las piernas. Ni me temblarán”, decía en 2005, cuando la acción brutal contra Lydia Cacho empezaba a ser un escándalo nacional.

Y cuando por fin fueron hechas públicas las grabaciones que exhibían al gobernador de Puebla como un tipo desalmado, grotesco, sus aplaudidores ahí seguían.

El propio candidato del PRI a la gubernatura, Alberto Jiménez Merino, jamás puso la renuncia en su mesa.

Tampoco lo criticó públicamente.

Guardó silencio como todos sus demás adictos.

Hoy lo más que dicen es que el Caso Lydia Cacho fue una equivocación.

Y lo dicen de rapidito.

Para no hacer ruido.

En esos términos se manifestó Jiménez Merino en el programa “Destrozando la noticia”, de Enrique Núñez.

Una equivocación.

Sólo eso.

Como si en lugar de tomar la calle Newton, en Polanco, se hubiese metido en Lamartine.

Se equivoca en su defensa Jiménez Merino.

Marín no se equivocó.

Actuó con dolo, como lo exhibe en su conversación con Kamel Nacif.

“El rostro del exgobernador está ahora en todas las oficinas de migración y comisarías del mundo: le busca la Interpol para llevarlo ante la justicia mexicana”, dice el diario español El País.

Todo mundo verá su imagen, incluso en Viena, Austria, donde vive su hijo mayor.

¿Qué pensarán sus adictos cuando les platiquen?

Nunca lo sabremos.

Y es que ya nadie quiere asumirse como marinista.

Ni el propio Jiménez Merino, que en el mismo programa ya se dijo hijo político de Melquiades Morales.

Lo que faltaba.

La tarde del sábado 13 de abril, cuando quien esto escribe dio a conocer la noticia de que habían sido giradas cuatro órdenes de aprehensión en contra de Marín y los suyos, varios marinistas me acusaron de inventar la noticia en aras de desacreditar a su patrón.

Vomitaron bilis, mentaron madres, dijeron que mentía.

Ramón Fernández, su secretario particular, dijo incluso que la nota era falsa y que el ex gobernador andaba vacacionando.

Qué dura es la realidad cuando suelta bofetadas.

¿Qué pensará ahora quien ya ni se aparece en las ruedas de prensa del PRI?

¿Qué dirán en corto sus adictos?

O los que eran sus adictos y han empezado a negarlo como San Pedro a ya saben quién.

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La Metamorfosis del Candidato

Enrique Cárdenas Sánchez, candidato del PAN-PRD-MC a la gubernatura de Puebla, está sufriendo una extraña metamorfosis.

No.

No se está convirtiendo en una cucaracha.

(Quisiera ser Gregorio Samsa).

Tampoco es un Dr. Jeckyll pasado por agua.

Su tema es verdaderamente dramático.

Está pasando de ser un personaje gris Oxford a un personaje gris Rata.

Y eso sí es penoso.