Memorial
Por Juan Manuel Mecinas

Rosario Robles ya no será representada por el despacho del abogado Javier Olea. En un comunicado de mal gusto, el despacho informó que dejaba de representarla porque ya no tenía dinero. Era innecesario porque, incluso si fuese cierto, Robles tiene derecho a mantener en secreto su capacidad financiera. Y, además, el comunicado retrata un despacho carroñero –esto último es menos dudoso que los derechos de Madame Robles–. Pero todo parece falso; muchos suponen que es una estrategia para mostrar el lado pobre de la pobre Rosario.

Al estilo del filósofo de Juárez, la Robles no tiene dinero.

Pero Robles y sus abogados o quienes la asesoran no entienden el enojo social. En el imaginario popular, Rosario se prestó a hacer la Estafa Maestra por el solo hecho de que en dos dependencias de las que fue titular se estructuró un sistema para desviar recursos públicos. Se dice que fueron 5,000 millones. Si Rosario cree que diciendo que no tiene dinero y ahora no tiene abogados el pueblo la “hará suya”, y el Poder Judicial se apiadará de ella, es mejor que sepa que las cartas están echadas en su contra.

Le congelaron sus cuentas bancarias, pero que el monto que había en ellas era ridículo, en comparación con los 5,000 millones de pesos de la Estafa Maestra y con el dinero que se presume tiene una persona que fue seis años secretaria de Estado y que antes había sido Jefa de Gobierno de la Ciudad de México y que, en este país, se ha dedicado a la política durante décadas.  

Que la Robles estaba en España hace poco más de dos meses, viviendo la vida y comiendo como si fuera heredera de la Duquesa de Alba es algo que los medios han publicado. Por eso, no imagino a Rosario pidiendo un préstamo personal para pagar la boda de su hija –un evento que muchos calificaron de exorbitante– y no me cabe en la cabeza que no pueda pagar a los abogados para que peleen unos cuantos rounds con la Fiscalía.

Si el argumento es que la Robles no paga porque sus cuentas están congeladas, solo hay dos opciones: o las cuentas son de millones o todo es una pantomima. Nadie cree que una exsecretaria de Estado tenga veinticinco mil pesos en sus cuentas. Nadie lo cree, porque la vida, los bolsos, las zapatillas y los viajes, los departamentos y las casas de Rosario no permiten creer que contrate a un despacho de abogados que cobra en dólares y que los deje apenas iniciar su proceso.

¿Que ella no se embolsó los 5,000 millones de la Estafa Maestra? En eso podríamos coincidir, pero es ridículo que Robles quiera hacerse pasar por pobre, cuando a la audiencia en la que dictaron prisión preventiva llegó vestida como si fuera a un desayuno con su amigo Carlos Salinas, con un abrigo Burberry, un vestido Yves Saint Laurent (de 13 mil pesos) y unas alpargatas que no compró en La Merced (también de 13 mil pesos, dicen).

La Robles quiere dejar de lado el glamour, para efectos mediáticos y para efectos del penal en el que está recluida.

Ha comenzado por decir que no tiene dinero.

Dice que no tiene nada que dar.

Sin embargo, si a Rosario la dejaron sola, es momento que empiece a hablar.

¿Dónde está el dinero, Rosario? ¿Para quién fue? ¿Quién te lo ordenó?

Rosario sí tiene mucho que dar.

Y mucho que hablar.