Memorial
Por Juan Manuel Mecinas / @jmmecinas

Miguel Barbosa deberá recomponer su gabinete y deberá comunicar de mejor forma los objetivos prioritarios que pretenda alcanzar en el año que inicia. Después de un 2019 con muchas tribulaciones, el reloj comenzará a ser un factor que juegue en contra del gobernador: los ciudadanos comenzarán a exigir resultados porque existe una percepción general de que las cosas no están yendo del todo bien en el estado. El ciudadano mira las noticias, conversa y comenta que la situación de seguridad y la economía del estado de Puebla no está en su mejor momento. Antes, Barbosa podía decir que acababa de llegar a la silla principal del gobierno, pero ese argumento ya no puede sostenerse.

Desde su llegada, Barbosa dejó en claro que lo que restaba de 2019 sería complicado porque estaba con las manos atadas en términos presupuestarios. Esa razón terminó con el último minuto del 2019. No existe más.

El 2020 será el primer año del gobierno de Barbosa que ejercerá un presupuesto aprobado por Barbosa y por el Congreso Morenista para un gobierno de Morena. No hay más excusas: los resultados deben verse y los programas y obras deben aparecer, porque de lo contrario el enojo ciudadano cobrará la factura a Morena en 2021 y, todavía peor, la falta de resultados fungiría como desincentivo para los inversores que hasta ahora miran con escepticismo al gobierno de Barbosa.

Además, el año que comienza resulta ser curioso: será un año en que no habrá elecciones, después de que los poblanos votaron en 2018 y 2019 para elegir a su gobernador(a). Eso quiere decir que Barbosa gobernará sin tener que mirar el calendario electoral.

Recomposición o naufragioPara que el gobierno dé los resultados que se esperan, Barbosa deberá recomponer su gabinete. Es claro que las grillas internas no le están ayudando. La salida de Fernando Manzanilla es deseable porque el secretario no está operando con su equipo y los mensajes que manda el gobernador son siempre en el sentido de que no está muy de acuerdo con el despliegue de actividades del secretario. Será el gran giro del gabinete de Barbosa porque a partir de ahí el barbosismo tendrá que controlar y alimentar las redes que Manzanilla tejió y controló. La llegada de un experto en la materia sería vital para que a Barbosa no se le complique la política local y pueda sacar adelante sus programas, sus leyes y ejecute las acciones con las que pretenda cambiar una dinámica política dominada por el morenovallismo los últimos años. La salida de Manzanilla tiene que ser la puerta que abra una oportunidad para que Barbosa mande un mensaje de que la gobernabilidad no está en riesgo y de que la manera de hacer política ha cambiado. No importa que recicle a personajes políticos de otros sexenios: lo importante es que deje en claro que la salida del brillante Manzanilla no hará peor al gabinete, sino todo lo contrario. No se trata de un enroque sencillo: se trata de un mensaje de cambio. El mensaje más importante que dará Barbosa en términos políticos: querrá dejar en claro que después de los complicados inicios de todo gobierno, el barbosismo está listo para controlar las riendas de la política local. Un movimiento inadecuado podría ser fatal en términos políticos. La salida de Manzanilla no debería convertirse en el Waterloo de Barbosa. El gobernador lo sabe. Por eso ha retrasado ese cambio durante tanto tiempo: puede ser el inicio de un naufragio.

Quizás te interese: ¿La peor película del año? Cats podría perder más de 70 millones de dólares