viernes, abril 12 2024

“Éramos jóvenes, éramos arrogantes, éramos ridículos, éramos excesivos, éramos imprudentes, pero teníamos razón”. Abbie Hoffman “

“It is an honor to die at your side.

­-: It is an honor to have lived at yours”. FM

Por Aldo Cortés

Hace una semana esto era impensable. El cinco de marzo de dos mil veinte será, sin duda, un hito que brotará y alcanzará para las siguientes generaciones. Tienen razón, somos jóvenes, quizás no dimensionemos las repercusiones de un movimiento que pareciera sacado de un sueño. Allí donde haya algo por lo que se deba luchar está la patria.

Se apagan las luces. Se encienden las ilusiones. El amanecer no alcanza a cubrir la estela formada por el ímpetu universitario; los hay de todo tipo, médicos, licenciados, ingenieros, arquitectos, economistas, físicos, biólogos… tantos, que la memoria con dificultad los pronuncia. Estudiantes todos. Dignos de una hazaña tan plausible. Esto no está sucediendo a ti. Esto está sucediendo para ti. Y es que no lo creo. Sigo sin digerir el coraje, la valentía, el corazón, las sensaciones tan aumentadas que una generación puede crear. Lo digo con brío, todo sigue en nuestras manos.

¿El paro? Las convicciones no pueden germinar de la corrección política del discurso cobarde y endeble, de la falta de talante, de la mediocridad. Cosas así no convencen a nadie y, sin embargo, muchos quieren creer. Los ortodoxos, los tibios, los menos tienen razón. La solución no es un paro. Pero tampoco lo es la condescendencia, la omisión, la tolerancia excesiva, la falta de exigencia.

No hay mejor discurso que el ejemplo robustecido de ética. ¿Oportunismo? Sería extraño que no lo hubiera. Siempre habrá gente que quiera el escaparate, que aproveche el infortunio de otros para vender una imagen plástica de sí mismo, que haga de la desgracia un vendaval de lucro, personas sin respeto propio, personas que no valen. Los bufones del régimen son necesarios. Por otra parte, me quedo con los propositivos, con los colaborativos, con quienes hablan con palabras de personas libres, con quienes no recurren a los eufemismos, con quienes su juicio no está condicionado por “la impresión de la sociedad”, que salen de casa, que estudian y que mueven, en la medida de lo posible y lo cierto, el mundo. ¿Para el resto y los demás? Sinceramente no tengo tiempo. Tampoco me interesa. La política es el arte de lo pragmático y, muchas veces, hay que pactar en ella para escalar hacia las alturas. Llevo aparejado al corazón la gente que no deja de creer en el prójimo como si un imperativo kármico iluminara su aura. Yo intentaré estar hasta el final, ellos lo van a estar.

Son tantas las cosas que pasan por mi mente. La vida nos obliga a creer en el dolor, en la adversidad, en la tragedia, en la fatiga. Sólo se puede llegar a ser bueno si existe la posibilidad de ser malo. Hemos llegado a ese destino inevitable. Me quedó con el pensamiento de Luis Alberto de Cuenca: “Toda historia es historia contemporánea. Esta que les hemos querido contar también tiene la voluntad de serlo. Ha sido escrita para las nuevas generaciones, pues es obligación moral transmitirles con mucho tiento y una ilimitada esperanza la antorcha de su propia historia”. Esta es la historia que queremos contar, tarde o temprano, debíamos tenerla entre nuestras manos. Hemos asumido el ideario de una generación digna: querer cambiar el mundo.

No podemos cambiar el mundo, pero podemos comenzar a cambiarlo. Nadie ni nadie podrá arrebatarle a mis compañeros y amigos la virtud de creer en sus valores, de hacer de la eminente tragedia una odisea para salir apoteósicos. Siéntanse orgullosos. Este legado ya es suyo, ya es histórico. Esta es la historia y hoy la han asumido. El faro de su temple y la ilimitada fuerza de su carácter han cobijado, al menos por un día, a una sociedad que necesitada de héroes. No puedo estar más agradecido, más emocionado. Las calles de la ciudad de Puebla  siguen retumbando con ecos de valentía y esperanza.

La gente cobarde siempre tendrá miedo de quienes luchen por sus ideales, de quienes estén dispuestos a dar un paso al frente y asumir la responsabilidad, de quienes, aun cansados, no dejen de creer. Hermano universitario, gracias a ti, la voz de quienes ya no pueden hablar, de quienes nos fueron arrebatados con violencia, con crueldad, con inhumanidad, hoy se escucha más fuerte que nunca. Gracias por ser un ejemplo, de realizar hazañas antológicas, fueron tantos tus pasos que el mundo no alcanzaba para ti. A cada alma libre que recorra a este lugar, en los incontables siglos por venir, tu voz les susurrará desde las piedras milenarias. Yo le contaré a todos que, aquí caminaste por la libertad de todos, en obediencia a tus valores, en tu irrestricto compromiso de luchar incluso por lo que ya parece perdido. Honras a tu raza. Eres grande.

Esta generación no es frágil, no es desinteresada, no es violenta. La muerte de uno nos reduce a todos. No preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti. Es un orgullo haber caminado codo a codo, es un orgullo estar parado junto a ti.

¿Qué devendrá? No tenemos miedo. Sólo lo conservado por escrito tiene posibilidades de llegar a ser algún día realidad. Esta es una promesa de sangre: yo recordaré, cuando el resto quiera olvidar, que estuviste por y para mí.

Esta manada aúlla. ¡Bienvenidos!

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