Por Mixar López

La música juega un papel muy importante en la vida de todo mexicano. Imposible vivir una vida en esta región –la región más opaca- sin arte. La música en México permite que las personas hablen y expresen lo que sienten acerca de alguien o algo que por lo general está sucediendo en el ámbito gubernamental –o no-, la metaficcción es rasgo particular. Esto ayuda a las personas a celebrar la vida y el amor, el “Amor eterno.

            La historia y las leyendas que rasgan las canciones populares de José Alfredo hasta Magneto, son un avasallamiento de serenidades crueles. La historia ha experimentado un cambio enorme desde el sonido de los tambores de una ceremonia maya -o azteca- a un rap mexicano moderno, esculpido por las manos de Claudio Yarto.

            Con los años la música ha cambiado. La música mexicana toma ritmos y sonidos anteriores a una canción, murmullos perecederos, y los convierte en un nuevo tema, es un reloaded o reciclaje de la radio en Payola. Hay muchos tipos de música mexicana como Mariachi, Ranchera y Norteño, pero el Pop es el Dios sobre el que gira la vida cotidiana de todo mexicano; el Pop como poste al que se amarran los voladores de Papantla, resignados de la FM que buscan consuelo y redención en sus franjas minadas por las disqueras.

            Como todos sabemos, música de mariachi es muy común en las celebraciones nacionales o fiestas públicas (conmemoraciones), bodas, bautizos, XV años, serenatas, borracheras en pos del despecho, divorcios en sucias notarías, cumpleaños al aire libre en colonias populares, etílicos viajes en trajineras de Xochimilco, turibuses, calandrias, bicitaxis o el acicalado lomo de un burro; está presente hasta en velorios y cunas.

            Las artes multitudinarias ayudan a proporcionar nuevas ideas, y un nuevo enfoque al sentir mexicano. Aprendemos de nuestra experiencia desfilada en un panteón un 2 de noviembre. El arte es una forma de comunicar, el Pop es una forma de conectar esa comunicación. Dice todo lo que no nos atrevemos a decir. La cultura mexicana refleja la historia del país, la música mexicana refleja su pudor y su espíritu verdadero.

         México es conocido por sus tradiciones de arte popular. El arte realizado de 1800 a. C. a 1500 d. C., se quedaría para siempre en toda ornamenta del mexicano, desde las grecas de la fachada de una Catedral hasta los rematados de un sombrero charro. Los mexicanos prefieren que su arte tenga patrones angulares, lineales y cerámicas tridimensionales. La ropa es colorida y sobrebordada. Los españoles aleccionaron las artes, construyendo monumentos y otras habilidades con sentido meramente religioso, como el altar: origen del sincretismo. En el período posterior a la independencia hasta principios del siglo XX, las bellas artes mexicanas continuaron estando fuertemente influenciadas por tradiciones europeas. Pero la base de la música mexicana proviene de la herencia, el sonido y la percusión indígena. Las personas que vivieron en el México prehispánico  -Tenochtitlán- usaban tambores (como el teponaztli), flautas, sonajas, caracolas, trompetas y sus voces para hacer una música de densos rituales y bailes dedicados al Sol. La música contemporánea tradicional de México se escribió durante y después del período colonial español. Los instrumentos tradicionales, como la vihuela mexicana utilizada en la música de Mariachi, fueron adaptados de sus predecesores del viejo mundo, y ahora se consideran muy mexicanos –pero no lo son, ya que encuentran su origen en Francia-. El grupo de mariachis más exitoso es el Vargas de Tecalitlán (proveniente de un municipio y población del estado de Jalisco, México. Se localiza en la Región Sureste del estado y su nombre proviene del náhuatl que significa: “Junto a las casas de piedra”), que se formó originalmente en 1897. La música, la danza y el arte reflejan la historia del individuo y el propio México. La armonía, el teatro y el zapateado están todos conectados, de una manera que sólo el arte mexicano ha podido vincular en integrar en una condensación de pasión, muerte, regocijo y melancolía. Sin música, estaríamos bailando el silencio y para el arte no sabríamos realmente qué escribir, porque la música ayuda a que las ideas fluyan. La música es la que narra, no el autor. Como dijo José Alfredo: “Voy a buscar palabras en el cielo, de las que dice Dios allá en el infinito”.