por Alejandra Gómez Macchia

¿En qué se parecen el padre Maciel, Harvey Weinstein, Jeffrey Einstein, Joaquín Naasón, Dominique Strauss Kahn, Keith Raniere y Julio Iglesias?

En que todos han sido señalados (y algunos ya juzgados y llevados a corte) en temas de abuso sexual, acoso; y de sobrepasar todos los límites…

¿Qué tienen en común?

Que todos ellos tuvieron infancias quebradas (por una u otra razón), y han sido personajes que llegan a un nivel de poder inhumano.  Ostentan todo el poder político, o todo el poder religioso, o una horda de fans (como en el caso de Julio Iglesias y de otros actores como Kevin Spacey,  también se le fue la olla), que entonces llegan a cierta posición tan llena de privilegios  que el deseo ya no se satisface fácilmente, lo que ocasiona que vuelquen sus energías en conquistar y/o arrebatar la única cosa que todavía no tiene precio (oficialmente, pues hay quien sí la vende en el mercado), y  que no es medida en un tabulador o no ha salido a bolsa: y esa cosa es la dignidad humana.

Estos hombres escogieron victimas que tienen en común varios aspectos: son intelectualmente inferiores, económicamente desfavoridas,  o son adictas a las drogas, o son mamás solteras,  o simplemente eran muchachas que vivían cerca de la comunidad y fueron arrastradas por una facilitadora o cómplice (generalmente mujer).

Estos señores que llegaron la punta de poder (o lo perdieron) ya no consiguen satisfacer sus instintos con placeres lisitos y lícitos, sino que van por la senda de la transgresión y la violencia.

Hay un punto clave que no hemos visto (y no se ha analizado) que es el modus operandi de estos tipos; ¿cómo llegan a convencer a sus víctimas –empezando con un contrato amañado que las hacen firmar) y prometiendo colmarlas con objetos materiales a cambio de ciertos servicios, sexuales o no), ya no creo que nadie vaya voluntariamente a trabajar para ser violada.

Los depredadores las contratan y la intrusión van creciendo y sobrepasando límites hasta que acometen delitos graves.

Maciel, Raniere, Naasón y ahorita Julio Iglesias, operaban sus abusos (presuntamente) argumentando que tenían una dolencia física. A algunos les aquejaba un trastorno de la columna, otros lidiaban con un tema testicular, varios se quejaban de retortijones estomacales, o los más,  solamente se quejaban de un estrés bárbaro, como Dominique Strauss Kahn, Epstein y Wenstein.

Strauss Kahn, que era al momento de su caída, presidente del Fondo Monetario Internacional (e que volaba para la presidencia de Francia) escogió a una mucama africana para sanar sus “dolencias del alma” mediante un asalto no consensuado a su cuerpo…

Las mujeres -por lo general- solemos ser un poco más condescendientes, protectoras y confiadas, por nuestro instinto natural y nos acercamos a los hombres en aras de apoyarlos, lo que nunca imaginamos que estos personajes van a dar el zarpazo.

Las mujeres dominicanas que están acusando a Julio Iglesias, narran que el modus operandi también sobreviene de una queja por dolencia física. Los documentales sobre Harvey Weinstein revelan que también sus abusos comenzaban con una petición de masaje…  para luego atacar ataviado en una bata blanca de hotel.

Weinstein lo tenía todo:  el poder del mundo hollywoodense, fue un gran productor. Era un tipo de enorme de tamaño –malintencionado–  este que pudo haber tenido las mujeres que quiso sin necesidad de violentarlas, no por su belleza y simpatía, sino porque el poder es un cosmético infalible.

Asimismo, hoy, a Julio Iglesias, octogenario y minado por los años, lo alcanzan y lo asfixian, los apetitos (que antes eran aplaudidos por el respetable público que lo encumbró).