por Alejandra Gómez Macchia

 Willie Colón, caput.

Al ser una música frustrada, sigo concienzudamente los protocolos que se deben llevar a cabo cuando un ídolo se va.

Puse en la bocina una lista que tengo con las canciones que, pensándolo bien, fueron parte no sólo de mí repertorio dancístico, sino de buena parte de mi educación sentimental.

Mi mente se fue aquellos viajes que hacíamos en familia a mediados de los 80, en una camioneta  con un gran equipo de sonido del que salía la versión salsera de ¡oh, qué será! de mi amado y siempre bien ponderado Chico Buarque.

Nadie podría imaginar que 30 y tantos años más tarde me volvería una experta en la obra del carioca, y que el día de ayer pudiera decir sin ningún pudor ni reparo que la versión de Willie Colón supera la de Chico (y que después de leer e Clarice Lispector, la puedes encontrar en la introducción de esta versión).

No dejé pasar la oportunidad de poner a todo volumen otra canción que no entra en el top 5 de las más sonadas de “El Malo del Bronx”, pero que para mí fue fundacional (y sucedía un poco lo que ahora sucede con los chamacos que abrazan el orgullo latino vía Bad Bunny); ya que “Color americano”,  es la pieza que me descubrió a los 5 o 6 años el fenómeno migratorio de los latinos a Nueva York.

La tierra del norte

Escribe la trama

donde el blanco domina

 y el púrpura calla.

Para esa edad –apenas se me estaban cayendo los dientes de leche– no me quedaba muy claro por mi corto lenguaje, qué era “la trama”, “la dominación” y qué tenía que ver en todo ese bailón el púrpura.

Para mí el púrpura era el color de un crayón, no la causa de la segregación violenta hacia una raza.

Ignoraba el drama pues yo siempre fui la negra de la familia, entonces para mí era normal vivir tranquilamente con esa característica. Pero recuerdo que mientras bailaba en la sala de mi casa, intentaba descifrar el significado de esa canción que, aunque alegre, dejaba en mí una sensación de gravedad. Algo muy inexplicable.

Con los años, las fiestas familiares llegaban a su punto más candente cuando sonaba el gran varón, que era el punto en el que el jolgorio se volvía burla cuando los parroquianos empezaban a relajar el bigote y  joteaban sabroso a la hora de que Simón despachaba a Andrés y  sacaba el carterón.

Cosa que ahorita sería un poco censurable (lo de la burla y la jotería intencional)

Pero yo estoy hablando de 1986…

Así como el Gran varón era la denuncia urgente de un hombre que sale del closet y que al desafiar al padre macho vive una vida desenfrenada que acaba en SIDA, Willie Colón transforma la rola bullanguera en una crónica que acusaba el cambio de la mentalidad patriarcal frente a una crisis humanitaria de salud, sobre todo en la comunidad gay.

También volví a poner mucha atención a “Talento de televisión”, que es –según Spotify– la tercera canción más escuchada de Willie Colón.

Es, sin duda, una sátira hermosa sobre las viejas prácticas de intercambio de favores sexuales por un lugar en la industria del showbuissnes … escenario que, si bien se sigue dando, hace unos 15 o 20 años todavía era una dinámica condenable, pero eficaz, de la que echaban mano las damitas sin mucha cabeza ni aptitudes.

 

No tiene talento, pero es muy buena moza

Tiene buen cuerpo y es otra cosa

Muy poderosa en televisión,

tiene un trasero que causa sensación.

Imagino a la policía moral de estos tiempos censurando y tratando de cancelar a Willie Colón por violentar a las mujeres con su canción.

En lo particular a mí me parece una radiografía precisa de lo que sucedía en la televisión, cuando ésta era la plataforma más importante de exhibición y reconocimiento. Sin embargo, en estos días talento de televisiónsigue estando vigente con la horda de bobas que se vuelven virales al poner sus labios inyectados en primer plano y hacer fonomímica frente a un teléfono.

Estábamos en Acapulco, pues,  disfrutando de un clamato y un gran clima, cuando la muerte se llevó a Willie Colón, y al repetir varias veces mi canción favorita,  confirmé que más que una salsa boricua, IDILIO  es un perfecto son montuno (cubano).

Y ahí se cierra la pinza del sabor, de la verdadera revolución latina, que empezó, no en el medio tiempo de Super Bowl, sino en las sesiones de La Fania, con Lavoe y Willie Colón.